Yasna Provoste, candidata presidencial de la Concertación chilena

La centro izquierdista Unidad Constituyente -la ex Concertación, coalición que en Chile aglutina a los partidos Socialista (PS), Demócrata Cristiano (DC), por la Democracia (PPD), Radical (PR), Progresista y Ciudadanos- eligió el sábado a la senadora Yasna Provoste (DC) como su abanderada presidencial para noviembre, en unas primarias castigadas por la paupérrima participación.

Con 96 por ciento de las mesas escrutadas, Provoste obtenía 60.4 por ciento de los votos, frente a 27.2 de Paula Narváez (PS) y 12.4 de Carlos Maldonado (PR). Entre los tres sumaban 140 mil 698 sufragios, apenas uno por ciento del padrón electoral, número que daba cuenta de la desafección y del fracaso en movilizar.

Fue una consulta improvisada, deslucida y de desenlace amargo. Improvisada porque se hizo contra el tiempo (el plazo de inscripción de las candidaturas presidenciales y parlamentarias concluye el lunes 23 de agosto) y sin la supervisión del Servicio Electoral (Servel); deslucida porque pese a ser una primaria abierta, apenas asistieron unos 26 mil electores más que la suma de los militantes de esos seis partidos; y amarga porque exhibe la decadencia de lo que fue una exitosa coalición que eligió cuatro presidentes durante 20 años consecutivos.

Comparativamente, a inicios de julio la primaria legal del pacto izquierdista Apruebo Dignidad (Partido Comunista más Frente Amplio) movilizó un millón 750 mil electores para elegir a su candidato, el diputado frente amplista Gabriel Boric, de 35 años; mientras que la derecha movilizó a un millón 300 mil para ver ganar al independiente Sebastián Sichel (44).

Yasna Provoste (51), presidenta del Senado y de ascendencia diaguita, levantó su candidatura formalmente en sólo tres semanas, distanciándose de la DC y enfatizándose como parlamentaria regionalista, distante del centralismo capitalino, y su condición de mujer indígena, empeñosa y tenaz.

El sociólogo Axel Callís, director de la consultora TuInfluyes.com, opinó que la consulta de UC «nunca debió haber ocurrido» y la describió como «una réplica de un terremoto mayor que ocurrió el 19 de mayo».

Callís alude a la ocasión en que UC falló en inscribirse a las primarias bajo supervisión del Servel, porque el PS intentó sorpresivamente descolgarse de la coalición y sumarse al pacto AP, operación que resultó fallida y que rompió las confianzas.

«El daño estaba hecho y esta consulta no es una oportunidad de proyección, al revés, es una demostración de debilidad para un conglomerado que aspira a gobernar, su votación es absolutamente insuficiente, no le sirve para nada. Provoste sale debilitada con menos de 100 mil votos propios y que seis partidos movilicen 140 mil es insignificante, lo contrario a una demostración de fuerza», dice.

UC, agrega, tiene «un pacto por conveniencia, de sobrevivencia electoral», porque la ley es drástica con quienes no logran objetivos electorales mínimos (cinco por ciento de los votos válidos), por tanto «es un pacto instrumental sin amalgama ideológica ni de proyecto político».

Lucía Dammert, académica de la Universidad de Santiago, explica que UC «cometió todos los errores que podría haber cometido» y que «no logran captar la energía que mueve al país». No obstante, señala que comienza una etapa en que «cualquier cosa puede pasar, porque es un juego de múltiples actores expuestos a errores».

Ella estima que el resultado muestra «el estado de los partidos tradicionales de centro izquierda y la pobre capacidad de autocritica de sus dirigencias», desconectadas de la ciudadanía. Advierte que a Sichel no hay que descartarlo porque «se vende como algo novedoso» y si bien carga el lastre de Piñera, logra disimularlo.