Uruguay lanzó una campaña para prevenir la explotación sexual infantil durante la temporada de verano

En Uruguay fueron detectados 410 casos de explotación sexual en niños y adolescentes durante 2020. Esta cantidad de casos duplicó las cifras de 2019, cuando se había llegado a 240 víctimas y también superó a lo sucedido en 2018, cuando hubo 386 denuncias.

La situación preocupó a las autoridades de cara a la apertura de fronteras y la próxima temporada de verano, por lo que se firmó un acuerdo entre el Ministerio de Turismo, INAU (Instituto del Niño y Adolescente de Uruguay) y UNICEF. Con el fin de controlar la situación tan alarmante, se realizarán protocolos y capacitaciones para los distintos funcionarios del sector.

Son situaciones que suelen darse en viajes o turismo y muchas veces se asocian con grandes emprendimientos extranjeros, como la planta de celulosa de UPM.

“Esto ocurre en distintas instancias y ocasiones, incluso en cualquier lugar y en el momento menos pensado puede ocurrir y acontecer, pero hay una prevalencia en determinadas zonas del país”, dijo Pablo Abdala, presidente de INAU, durante la conferencia de prensa. Agregó que “las zonas de fronteras son muy sensibles al igual que las turísticas”.

Según Abdala, la situación es cada vez más preocupante por su crecimiento. “Tenemos que asumir que tenemos un problema, aunque no es exclusivo nuestro, sino que es un signo del tiempo que vivimos”, comentó.

Cerca a una temporada de verano que abrió sus fronteras a extranjeros vacunados, las autoridades firmaron un protocolo para “adelantarse a los problemas”. El pacto tiene como finalidad prevenir situaciones de explotación sexual comercial. Abdala comentó que “implementar estos dispositivos requiere informar y capacitar a los funcionarios del Ministerio y a los operadores turísticos, además de definir protocolos”.

Las zonas de fronteras y las turísticas son las más sensibles a este delito (AFP)Las zonas de fronteras y las turísticas son las más sensibles a este delito (AFP)

La intenció es llegar a todos los sectores del turismo: hoteles, transportes, restaurantes, bares. Solo así se lograría un entorno que rechace la explotación sexual y que genere espacios seguros para las víctimas.

A comienzos de este año, se trabajó en un diseño de posibles prácticas de prevención con las que se capacitaría al servicio turístico. El cometido de esta alianza es que sepan cómo actuar en caso de encontrarse frente a un caso de explotación sexual de niños o adolescentes.

Tabaré Viera, el nuevo ministro de Turismo, dijo que es fundamental que estén claras las instrucciones de “qué hacer, a dónde dirigirse y qué se debe hacer” frente a, aunque sea, una sospecha. No es necesario confirmar el delito para actuar.

Agregó que el convenio es “una oportunidad para que la gente viva mejor, que los extranjeros vean el Uruguay que queremos y que podamos combatir todos aquellos delitos que hieren a cualquier actividad y nuestra sociedad”.

El período 2020 – 2024 es el eje estratégico que se puso el Ministerio de Turismo para difundir, sensibilizar, capacitar y profundizar en la prevención de esta actividad ilícita, específicamente en contextos de turismo, viajes y cruces de frontera. De esta forma, también ofrecerá destinos turísticos responsables.

El perfil del explotador

En diciembre de 2020, el director de Conapees (Comité Nacional para la Erradicación de la Explotación Sexual de la Niñez y la Adolescencia) Luis Purtscher, comentó en Radio Uruguay cuál es el perfil típico de los explotadores sexuales aunque, obviamente, hay excepciones a ello.

Purtscher dijo que, generalmente, el perfil se mantiene en miembros de familia del grupo de origen de la víctima. Aunque, aclaró, es complicado hablar de “familias” porque en muchos casos se trata de arreglos familiares. Es por eso que el explotador suele asociarse a “estrategias de supervivencia o la conjunción con otro adulto que de alguna forma paga un alquiler, una cuenta de almacén para ese núcleo de convivencia, y se generan las situaciones vinculadas a los matrimonios pactados, parejas fictas, todas formas de explotación que nos cuesta mucho identificar y atender por la invisibilidad y naturalización que tienen en las comunidades”.