Un narrador que recupera la memoria colectiva

Desde los años ’90, Hugo Herrera «El Hache» despliega su talento en el arte de contar historias y relatos en escuelas rurales, teatros y merenderos en Neuquén.

A los 8 años quedó fascinado con las historias que le contaba su tío abuelo, Silvestre Sánchez, que era capataz de una estancia en Mayor Buratovich, un pueblo de la Provincia de Buenos Aires. Desde entonces, Hugo Herrera, más conocido como “El Hache” no se apartó de ese universo de la palabra escrita, de la palabra hablada, contada. Con su tío abuelo, que era compositor de caballos de carrera, pasó unos veranos en el campo. “Lo que me llamaba la atención a esa edad era que me contara, como tema de conversación, la historia de la pava en la que cebaba mate, cómo había hecho su casa, por qué le había puesto tal nombre al caballo. De algún modo todas esas historias me fueron iniciando”.

Ya por entonces, el pequeño Hugo era muy lector, se pasaba tardes enteras leyendo revistas de historietas como “D’Artagnan”, “El Tony”, “Intervalo” que lo llevaron a buscar más historias en los libros de literatura. “En la secundaria ya era un alumno con mucho recorrido de lecturas”, dice.

A los 12 años con su familia se fue a vivir a Villa Soldati y luego al barrio Parque Patricios, donde los domingos por la tarde escuchaba los gritos de gol y los cantos de la hinchada que le llegaban de la cancha de Huracán, club del que es hincha. Cuando iba a la cancha, quedaba fascinado por las gambetas del delantero René Houseman, que se convirtió en su ídolo futbolero. Por esos años con un grupo de compañeros del colegio Cristo Obrero de Villa Soldati iba a las villas miserias a brindar apoyo escolar a los chicos y les ofrecían obras de teatro. “Cuando faltaba un compañero hacía de un abuelito que contaba historias, me convertí, sin saberlo, en narrador, en un cuentacuentos”.

Hugo Herrera, más conocido como El Hache, tiene un amplio baúl con historias y relatos.

Hugo Herrera, más conocido como El Hache, tiene un amplio baúl con historias y relatos.

«El Hache» nació en 1958 en General Roca y entre 1970 y 1984 se trasladó a Buenos Aires para luego instalarse en Neuquén. Es psicólogo social y en 2006 creó junto a la escritora y narradora Ileana Panelo la Escuela Patagónca de Narración Oral que formó a cientos de narradores que realizan presentaciones en ferias de libro, escuelas, bibliotecas, teatros, centros de salud, bares, entre otros lugares.

Transitando el camino de la palabra, El Hache encontró la diferencia entre ser un narrador oral y un cuentacuentos de historias. “El cuentacuentos, como su nombre lo indica, cuenta cuentos; en cambio, el narrador oral recupera mucho de la memoria colectiva y estudia qué se cuenta en un lugar, qué cuenta la gente de un lugar, es como un trabajo sociológico o antropológico de la palabra, hay un respeto diferente por la palabra”, explica.

En esto de recuperar la memoria colectiva, destaca que la escuela que dirige “forma parte de las redes por la identidad de las provincias de Neuquén y Río Negro y habitualmente narramos acompañando a la búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo de las casi 400 identidades que como sociedad nos falta recuperar”.

Considera que cuenta bien quien escucha bien. “Un buen narrador oral tiene que ser primero un buen escuchador”, afirma. “Para nosotros la mitad de la información ingresa por lo que escuchamos y la otra mitad por la vista, por lo que leemos. Somos básicamente escuchadores y transmisores, incluso más, somos respetadores de la palabra popular que tiene mucha sabiduría”, define.

Narrar una historia es trabajar la imaginación de quien escucha porque considera que alguien que imagina “es una persona que piensa y quien piensa es un ser inteligente. En el contar y escuchar cuentos hay un proceso relacionado al crecimiento intelectual tanto del que narra como del que escucha”.

«Somos básicamente escuchadores y transmisores, somos respetadores de la palabra popular que tiene mucha sabiduría”, dice El Hache.

Cuentos, fragmentos de novelas, poemas, historias propias y de las que escuchó alguna vez, han sido desplegadas por este narrador oral en diversos ámbitos, teatros, escuelas, bibliotecas, ferias de libros, hospitales, merenderos, clubes.

Antes de la pandemia, los fines de semana, junto al grupo de narradores de la Escuela Patagónica de Narración Oral, recorrían los merenderos en distintos barrios de la ciudad de Neuquén para acercar a los chicos, que asistían a estos lugares, a la literatura. “Nada mejor que te cuenten un cuento para brindar un alimento para el alma”.

Imposibilitado de realizar estos encuentros en forma presencial durante la pandemia, El Hache utilizó las nuevas tecnologías como nuevo escenario para contar relatos de diversas situaciones y momentos que transitamos en este tiempo de encierro. A través del canal de Youtube “Hache cuenta en cuarentena”, sube relatos basados en experiencias de pandemia. Así surgieron relatos de las cosas que iba leyendo en las redes o que le contaban amigos y familiares, “que están vinculadas con los miedos, el encierro, los barbijos caseros, hasta sobre el sexo virtual además de cuentos de suspenso”. “Es transmitir las cosas que va sintiendo la gente e ir acompañando lo que a la gente le va pasando”, reflexiona.

Para El Hache contar cuentos es trabajar la imaginación de quien escucha, “alguien que imagina es una persona que piensa y quien piensa es un ser inteligente. En el contar y escuchar cuentos hay un proceso relacionado al crecimiento intelectual tanto del que narra como del que escucha”.

-> Escritores que dejan su marca

El narrador que en 2006 junto a su colega Ileana Panelo crearon en Neuquén la Escuela Patagónica de Narración Oral que ha formando a cientos de narradores, dice que en la adolescencia empezó leyendo a Julio Cortázar, autor que lo marcó, sobre todo con su libro “Historias de Cronopios y de famas”.

También señala al poeta Oliverio Girondo, como otro de los autores que “me rompíó la cabeza” durante la adolescencia. “No entendía como un escritor en 1930 en la Argentina, si bien estaba ligado a la poesía, tenía ese tipo de escritura”.

Fuente: LMN

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