Tokio 2020: ¿Por qué se rompieron tantos récords?

Los Juegos Olímpicos Tokio 2020 se dieron en un marco atípico para el mundo que, envuelto en una pandemia, no quiso dejar de tener su fiesta del deporte. Luego de muchas idas y venidas, postergaciones y demás, 12 meses después de lo establecido el olimpismo ganó un oro logrando celebrar su evento sin demasiados inconvenientes.

 

Además, estos XXXII Juegos Olímpicos regalaron innumerables récords batidos algo que en la previa no se esperaba porque muchos entendían que la preparación no fue la adecuada. Para tratar de dilucidar el por qué de tantas marcas batidas, fueron 188 entre récords olímpicos y mundiales. Ámbito dialogó con la psicóloga deportiva Laura Spaccarotella y el entrenador de Natación Juan Carlos Martín bajo tres pilares que pudieron haber motivado a los atletas a superar las marcas históricas. Estos son:

 

  •  La poca expectativa previa quitó presión
  • Resiliencia de los deportistas
  • Estadios vacíos que ayudaron a la concentración

 

Laura Spaccarotella es una reconocida psicóloga deportiva que tuvo su debut olímpico en Río 2016 cuando acompañó al seleccionado femenino de Handball en su primera incursión en la máxima cita.

 

En conversación con Ámbito, Spaccarotella remarcó que los récords establecidos están en “la singularidad de cada deportista, de cada individuo, de cada equipo y de su situación en particular con expectativas propias y ajenas en cuanto a la competencia”. En cuanto a la preparación de los atletas en pandemia indicó que “actuó actuó como un factor estresor, refocalizó objetivos, generó cambios, pudo ser una experiencia debilitadora o no”.

 

Por su parte, Juan Carlos Martín, quien fuera entrenador de Delfina Pignatiello durante muchos años, incluso en los Juegos Olímpicos de la Juventud que se celebraron en Buenos Aires durante 2018 y donde la nadadora deslumbró en la piscina del parque olímpico, también remarcó que “hay un montón de factores que entran en juego para que vos tengas un nivel bueno, regular o malo”.

 

La pandemia pudo ser beneficiosa en cuanto a la organización de los entrenamientos para aquellos que conviven con un trabajo y el deporte. Evitó el cansancio físico de estar viajando a diario pero también jugó fuerte en la psiquis de los deportistas.

 

Sin embargo Tokio 2020 regaló grandes gestas y muchas emociones en sus récords y registros numéricos.

Resiliencia

El italiano Gianmarco Tamberi, ausente en Río 2016 por una lesión, también se perdía los Juegos Olímpicos de Tokio por una fractura en su pierna. Para el saltador en alto la pandemia “fue una bendición” cuando se enteró que la cita deportiva más importante del planeta se postergaba un año, algo que le dio más envión y lo motivó a prepararse de la mejor manera.

 

Gianmarco Tamberi celebra el oro en salto en alto junto a su bota de yeso que lo tuvo afuera de Tokio 2020 antes de la postergación.

Gianmarco Tamberi celebra el oro en salto en alto junto a su bota de yeso que lo tuvo afuera de Tokio 2020 antes de la postergación.

 

El resultado fue un oro compartido en Tokio 2020 con su yeso como testigo acompañándolo en la pista y su nombre inscripto en el nuevo record nacional de la disciplina. Logró recuperarse de las adversidades y volver al ruedo aún mejor de lo que se había ido. A eso le llaman resiliencia, una palabra que destaca Laura Spaccarotella a la hora de explicar el “entusiasmo” como bandera y explicación sobre los atletas rompiendo marcas.

 

“Yo creo que el tema de superar tantos récords se debe a la resiliencia. Hubo personas que pudieron fortalecerse en esta situación compleja y difícil. Para algunos fue muy desestabilizador. Algunos pudieron transformar este desafío que presentó la pandemia en una oportunidad de crecimiento y autosuperación”, comenzó la profesional.

 

 

“A algunos esta situación difícil (la pandemia) se les transformó en oportunidad y en el sentido de una cuestión más resiliente. Gestionó la tensión de determinada forma que sacó ventaja. A algunos la situación se le tornó de mayor dificultad con menos recursos de afrontamientos y a otros se le transformó como en un desafío mayor”, explicó Spaccarotella.

 

“La clave estuvo en saber si hubo modos constructivos de atravesar la experiencia que generó la pandemia”, agregó.

 

Juan Carlos Martín destacó que durante la preparación en pandemia hubo que usar el ingenio pero también mencionó la importancia de trabajar en equipo con el atleta y a la par de un psicólogo.

 

“Un psicólogo deportivo nos da una mano importante a los entrenadores. El atleta todos los días se prepara para la competencia y el apoyo constante del psicólogo es fundamental”, aseveró el entrenador que actualmente trabaja en el municipio de San Isidro con nadadores a nivel nacional.

Poca expectativa, menos presión

Los 100 metros llanos, la prueba madre de los Juegos Olímpicos, es el momento de mayor rugido en el estadio que alberga la cita deportiva. Tokio 2020 tuvo que reinventarse y preparar una previa a medida de la televisión, con juego de luces y todo, y cuando el italiano Marcell Jacobs cruzó la línea de meta antes que nadie logrando un récord continental, el grito desaforado que pudo escucharse fue el de su compatriota Tamberi que hacía diez minutos había ganado el oro en salto en alto y lo esperaba en la pista para abrazarlo y festejar juntos.

 

El mismo silencio abrumador invadió la pista cuando el noruego Karsten Warholm ganó la prueba de los 400 metros con vallas en 45.94 segundos batiendo el récord mundial al igual que su escolta, el estadounidense Rai Benjamin, que hizo un tiempo de 46.17. Algo inédito que de tener público hubiese aturdido a cada rincón del estadio.

 

 

Que se realizaran los Juegos Olímpicos Tokio 2020 ya era un motivo para celebrar. Todos los flashes estuvieron puestos en si se organizaban o no. Por eso, y por la atípica preparación de los atletas, las expectativas bajaron y algunos niveles se equipararon porque la problemática del Covid-19 fue a nivel mundial. De ahí salió el disparador sobre ¿ante la no expectativa, la presión disminuye?

 

“A mí me gustaría pensar que bajaron el nivel de exigencia en los resultados y esto los liberó y lo hicieron mejor. Esto forma parte de un entrenamiento mental. El deportista se prepara psicológicamente para estos momentos. Tiene que estar listo para lograr llegar en un estado donde tenga el control de sí mismo: controlar su ansiedad y sus emociones, de salir a jugar y no salir a sentir toda la presión que genera el contexto con las expectativas propias y ajenas”, comenzó Spaccarotella.

 

“Todos los deportistas atravesaron esta pandemia y tuvieron que tener limitaciones en cuanto a entrenamiento y preparación. La pandemia en algún punto igualó a todos y hubo quienes supieron sacar provecho de esto. Seguramente todo este tema a algunos los hizo jugar y competir más libre de presiones”, añadió.

 

La psicóloga deportiva que acompañó a La Garra en Río 2016 puso el foco también en la preparación del deportista para un evento de esta magnitud: “El sostén de los vínculos tiene mucha influencia en la preparación de un deportista. La clave estuvo en ese sostén que hayan tenido los deportistas para generarle una mayor estabilidad, una sensación de continuidad en el tiempo. Porque fue todo muy cambiante, se avanzaba y retrocedía a cada rato. Se hacían, no se hacían. Todo eso tiene un impacto a nivel mental y emocional”.

Estadios vacíos ¿mayor concentración?

A veces el silencio es ensordecedor. Algo así habrá experimentado la velocista jamaiquina Elaine Thompson-Herah segundos antes de empezar a correr la carrera que haría historia y que sería celebrada únicamente con el puñado de integrantes de su equipo que la veían desde la desolada platea del estadio de Tokio.

 

Elaine Thompson-Herah se consagró bicampeona olímpica con récord incluido y celebró con un puñado de gente que había en el estadio de Tokio.

Elaine Thompson-Herah se consagró bicampeona olímpica con récord incluido y celebró con un puñado de gente que había en el estadio de Tokio.

 

La atleta de 29 años corría los 100 metros en 10,61 segundos, bajando por una centésima el récord olímpico que reinaba y entre los abrazos y las felicitaciones de sus colegas reinaba el silencio de una escenografía llena de butacas vacías.

 

Tokio 2020 pudo hacerse un año después de lo establecido y en medio de una pandemia a un costo: no podía haber público. En un principio sería con un número limitado (el 30% de la capacidad del estadio) de fanáticos pero con la escalada de casos positivos que tuvo Japón en los meses anteriores a los Juegos se decidió que los atletas compitieran en sumo silencio. ¿Ayudó eso a tener deportistas más focalizados en la competencia?

 

“Yo creo que la falta de público fue algo diferente, pero no sólo en el público el contexto olímpico fue distinto. Pero lo notan quienes ya estuvieron en un Juego anterior y puede comparar. Para los debutantes esto es un Juego Olímpico”, aclaró Spaccarotella quien luego recordó su experiencia olímpica y explicó: “El ambiente no se vive solo en los estadios. Está en la cotidianeidad, la vida de ese lugar, como se transforma. Es algo vertiginoso. Hay un clima que se vive con los periodistas, los medios que los convocan constantemente. Y todo eso no estuvo y fue mucho lo que no estuvo. El contacto con el público, sino con el medio en general, como suelen ser las visitas. Todo eso se perdió”.

 

Spaccarotella aseguró que todo lo antes mencionado “son factores distractores” y no tenerlos pudo ser que haya ayudado a algunos atletas a focalizarse mejor en la competencia.

 

“Los numerosos récords pudieron haberse dado por el tema de la mayor concentración, porque hubo menos factores distractores que hicieron que los deportistas se desconcentren. Estuvieron mucho más abocados y concentrados a su performance”, indicó y luego puso el foco en los deportistas a los que “quizás todo ese contexto les guste y los ayude a relajarse”. Spaccarotella no dudó: “Les puede gustar pero no deja de ser un factor distractor hasta cierto punto”.

 

Y si hablamos de luces y brillos que acaparan la atención de los atletas, la Ceremonia de Apertura las tiene todas. Y en ese punto Laura también remarcó que no siempre es favorable asistir. “Está comprobado que la Ceremonia de Apertura funciona como factor distractor por eso hay muchos equipos que eligen no ir”, explicó.

 

“Es una influencia medioambiental negativa en el rendimiento del deportista”, puede leerse en su ensayo para el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid titulado “La labor del psicólogo deportivo en los JJ.OO.”.

 

Juan Carlos Martín no cree que pueda haber influenciado tanto el competir sin público. “Todo aquel que llega a un Juego Olímpico ya recorrió el camino de las presiones a nivel local, continental, subcontinental o internacional. Ya llegan fogueados por haber luchado por una marca, por un título, por una beca”, comentó.

 

“El competidor no va a ver qué pasa a un torneo, ya sabe lo que va a pasar. Porque está preparado táctica, física y estratégicamente”, remató.

La voz de los atletas y las redes sociales

Conectado a la mayor o menor concentración que los deportistas puedan lograr con el silencio, Tokio 2020 dejó en claro que mientras los ruidos de afuera se apagaron, las voces de los deportistas se encendieron y comenzaron a exteriorizar y mostrar problemáticas que siempre sufrieron.

 

Tal fue el caso de la gimnasta estadounidense Simone Biles quien decidió “escuchar a su cuerpo” y no presentarse en algunas pruebas porque no se sentía confiada y sus piernas, brazos pero sobre todo su cabeza no le respondían. Estaba abrumada y la presión la había aplastado.

 

En la delegación nacional no se llegó a suspender ninguna participación pero la nadadora Delfina Pignatiello y la tiradora Fernanda Russo, dos jóvenes atletas argentinas, manifestaron su disgusto por los comentarios negativos y los mensajes de odios en las redes sociales.

 

Para Spaccarotella, la tranquilidad del escenario llevó a la reflexión. “Los deportistas se conectaron con lo que le estaba pasando y pudieron expresarlo abiertamente. El ruido y la vorágine posiblemente oculten y acallen muchas cosas que le puedan estar pasando a un deportista. El silencio que hubo afuera le dio más voz al deportista”, aseguró.

 

Aunque aclaró: “Está bien que un deportista diga hoy me pasa esto aunque no sea lo conveniente para la actividad que está haciendo pero uno tiene que aprender a manejar esos estados cuando está en un cierto nivel de competencia. Obviamente que las situaciones podrán impactarte porque ante todo son seres humanos pero sí tenemos que estar atentos a dar previamente recursos de afrontamiento y no que la situación te saque de control”.

 

Laura Spaccarotella también puso el foco en quienes acompañan al atleta. “Cuando pasan estas cosas hay una cierta complicidad de un entorno. Alguien que está cerca de un deportista, llámese cuerpo técnico, pares, familiares, más o menos sabe lo que le está pasando. Si hay algo que está pasando deben tomarse medidas preventivas y no llevar al deportista a una situación que podría hasta no tener retorno”, advirtió.

 

“No hay forma de controlar las redes sociales. Tenés que vivir en un iglú. Es un problema muy grave que tienen los atletas. Están muy pendientes de eso, de la prensa, de las notas y hay muchos deportistas que se perdieron por eso”, avisó Martín quien explicó que cuando la entrenaba era él quien le manejaba la prensa a Delfina Pignatiello.

 

Fueron 188 las marcas que se batieron en Tokio 2020 entre récords nacionales y olímpicos. A eso se le suma innumerables mejoras de tiempos personales de muchos atletas. Hasta en eso los Juegos Olímpicos de Japón fueron únicos. Envueltos en la amenaza del Covid-19, los atletas dejaron los miedos atrás y compitieron como nunca. Arigato.