¿Para qué sirve el fútbol?: una pregunta que encontró su respuesta más cabal en la goleada de la Selección de Messi en el Monumental

¿Para qué sirve el fútbol? Tantas veces me lo pregunté y la autorreferencia juega como espejo. ¿O no? Mejor dicho, para qué sirve el fútbol jugado así. Para eso sirve. Para ser feliz un rato aunque el sueldo no alcance, el amor de tu vida te abandone, tus amigos se enfermen. Para darte un respiro, un alivio, una tregua. Para olvidarte aunque sea un ratito, de que sos huérfano, de tu vida miserable, de ese sufrimiento constante en este valle de lágrimas. Que no son 22 corriendo atrás de una pelota. Sos vos, soy yo, somos nosotros tocando, marcando, mordiéndoles los tobillos a los contrarios. Gol. Haciendo goles. Gritándolos desde el tuétanos. Revancha, pequeña, efímera. Y entonces, cuando baja la tensión y repasás un 3-0 como el de este domingo, te sentís en paz. Hasta te sentís bueno. Y guardás la secreta esperanza de que se repita con Perú, el jueves. Y ya no te asusta Qatar. Que vengan de a uno.

Hay una manera de jugar. Esa vilipendiada, ultrajada a fuerza de “saque si quiere ganar”, de “pisalo pisalo”, de bidones. Esa que se transmite de generación en generación y que alguien bautizó “la nuestra”. Eso que vieron esos chiquilines de caras pintadas en las tribunas del Monumental o frente a la pantalla de TV, ahora saben que hay una manera de jugar que es de acá, argentina, nuestra. Que se puede jugar así. No siempre así, con semejante baile, pero sí en la esencia. A veces saldrá mejor, a veces peor. Y hasta se puede perder, claro que sí.

Hay motivos para que eso suceda. La genética del futbolista argentino, primero. Y después que los planetas se alineen. Si tenés un Rey Sol, mejor. Y hay ojo en ver jugadores. Y hay un orden. Y hay un deseo. Y hay convencimiento de vestuario.

Lionel Scaloni, el que no estaba en los planes de nadie, encontró un equipo y le dio rodaje y juego. Foto: AFP

Lionel Scaloni, el que no estaba en los planes de nadie, encontró un equipo y le dio rodaje y juego. Foto: AFP

Mirado de reojo, Lionel Scaloni puede colgarse algunas medallas. Dibu Martínez, Cuti Romero, Nahuel Molina, Nico González y ese chico Facundo Medina que entró al final los conocía sólo él y quienes lo acompañan, SamuelAyalaAimar. El coraje de ponerlos, de aguantarlos cuando la mano venía torcida, es otro mérito incuestionable del técnico. Y el de los jugadores, el de jugar.

¿Qué es jugar? Eso que hicieron este domingo 10 de octubre. Corazón y pases cortos. Cambio de velocidad. Hambre de atacar siempre. No resignarse cuando el gol que era gol pega en el palo o te lo sacan en la línea. Vergüenza deportiva para el piso, vedettismos desactivados en busca del bien común. Somos once. Que es uno solo.

La Selección va al trote al Mundial. Salvo Brasil, no tiene equivalencia en Sudamérica. Falta la prueba grande: FranciaAlemaniaEspañaItaliaInglaterraBélgicaHolanda, los africanos que aparezcan, la sorpresa de cada Mundial, los imponderables, el azar si la moneda cae del otro lado. Pero eso también es fútbol. Puede pasar. Ya pasó. ¿El tiro de Higuaín con los alemanes? ¿Y el tiro cruzado de Messi en esa final? Se había cansado de hacer goles así en el Barcelona y sin embargo…

Lionel Messi se abraza con Nicolás González tras marcar el primer gol de la noche en el Monumental. Foto: AFP

Lionel Messi se abraza con Nicolás González tras marcar el primer gol de la noche en el Monumental. Foto: AFP

Messi y detrás de él, ahora sí, parece, hay un equipo en el que Leo no salva si no resuelve. No es lo mismo. Habrá que buscar en alguna cueva a los que lo llamaban pecho frío, el mudo que no canta el himno, el líder triste. Aumenta la producción de panqueques en la Argentina.

¿Para qué sirve el fútbol? Qué se yo. Para decirle a tus nietos: “Yo vi cuando bailamos a Uruguay”. Para decirles: “¡No sabés lo que era Messi!”. Para contarles que una noche de octubre de 2021, solo de toda soledad, en tu casa y frente a la tele, te bancaste que saltaran las lágrimas como buen machirulo futbolero que sos. Y que abriste un vino. Y brindaste. Y agradeciste a esos hombres de la albiceleste que fueron vos “jugando al fulbo”. Que por una noche te hicieron sentir niño otra vez. Que te hicieron creer que podés ser inmortal.