OPINIÓN – EDITORIAL PRESTADA El juego de Cristina Kirchner con Sergio Massa, la rendición de los funcionarios de Alberto Fernández y el salvaje desaire de los gobernadores

Cristina Elisabet Kirchner es la verdadera mentora de los cambios de Gabinete que conmovieron, definitivamente, al gobierno de Alberto Fernández.

La definición de que la administración nacional debía tener un cambio profundo lo determinaron la vicepresidenta y el jefe de Estado en su último encuentro presencial, el sábado último.

Ese día, Alberto Fernández entendió que ya no tenía más margen: el “Plan Batakis” había fallado, los mercados habían reaccionado mal y los dólares seguían yéndose, sin remedio, de las arcas del Banco Central. Por eso, Alberto y Cristina definieron esperar al regreso de la ministra de Economía de sus encuentros con el Departamento de Estado y con la titular del FMI, en Washington, para encumbrar a Sergio Tomás Massa en un ministerio de Economía recargado.

Cristina apeló al perfil bajo, intentando que en lo público, no tuviera responsabilidad en este recambio. Pero la bendición de la Vice a Sergio Massa -que no le había concedido el fin de semana en que renunció intempestivamente Martín Guzmán- llegó y todo se precipitó. Es más: fueron varias las visitas que Massa le hizo esta semana a Cristina en el despacho de la titular del Senado. En una de ellas, el aún diputado le contó que había visitado a Roberto Lavagna para contar con su “bendición”.

En la charla del último sábado entre Cristina y Alberto, el Presidente dio por sentado dónde caducó su última resistencia: las renuncias no controladas de sus ministros Matías Kulfas y Martín Guzmán lo dejaron sin margen. Solo procuró de no exponerla a un papelón a Silvina Batakis delante de Kristalina Georgieva.

Otro mojón dejó sin aliento al Presidente: su encuentro de este miércoles con los gobernadores. El mandatario llamó a varios de ellos para invitarlos a almorzar, luego del encuentro de los mandatarios en el CFI. Los gobernadores llegaron tarde; el Presidente los esperó con bifes para almorzar. Pero sufrió un desaire: “Ya almorzamos”, le espetaron. La cosa siguió así de difícil: “Si no cambiás ahora, no durás 10 días más”. Los más duros fue Jorge Milton Capitanich y el santiagueño Gerado Zamora. Allí, Alberto no demoró más la cita con Sergio Massa para terminar de definir el nuevo orden de los casilleros.

En uno de esos casilleros anhelaba estar Capitanich, estaba furioso y, por la noche, repetía ante distintos interlocutores: “Me operaron”. El gobernador de Chaco era auspiciado por Cristina como jefe de Gabinete pero el ahora trío gobernante -CFK, Alberto y Massa- no quería desairar a Juan Manzur, Un albertista lo lamentaba; “Seguro Coqui serían más eficiente como ministro coordinador”.

Por eso, se optó por incluir a Juan Manuel Olmos como vice jefe de Gabinete. El abogado -jefe de asesores del Presidente- se encargó en la tarde de este jueves en comunicar las malas nuevas a los desplazados. Lo hizo con Santiago Cafiero, otro de los escasos albertistas que se perciben, hoy, con ese rótulo. Olmos y Cafiero hablaron con Daniel Scioli, Mercedes Marcó del Pont y Gustavo Beliz. Demasiados sinsabores para un grupo que soñaba con la reelección de Alberto Fernández.

En ese grupo se analizaba qué había pasado en la conversación del jueves a la mañana entre Alberto y Massa, en la Quinta de Olivos. “Cuánta crueldad con Silvina, con Daniel, cómo puede ser…”, lamentaba un ministro que no podía creer cómo eran expulsados Batakis y Scioli. La economista consiguió un lugar saludable al quedar al frente del Banco Nación, por pedido del Presidente, que se sentía en falta con la fugaz ministra. A Scioli le ofreció Turismo pero el ex motonauta pidió que esa cartera sumara otros ministerios, como Cultura y Ambiente. Recibió un “no” y entonces, eligió la variable de regresar a la embajada de Brasil. Cuesta imaginar un sueño presidencial desde allí para el habitante de Villa La Ñata.

Cristina siguió con perfil bajo pero pidió cosas concretas: a Carlos Castagneto en la AFIP y a sus protegidos en el área de Energía, donde “los Federicos” (Basualdo y Bernal) cuentan con línea directa con la Vice y su hijo Máximo.

Alberto mantuvo a su núcleo cerrado con Vilma Ibarra, Claudio Moroni, Santiago Cafiero, Julio Vitobello y Miguel Pesce, sobreviviente -por ahora- en el BCRA, lugar codiciado por Massa. ¿Qué rol tendrá el Presidente desde ahora? “Alberto va a hacer territorio con las obras, que Sergio acomode la Macro”, señala uno de sus fieles. Y afirma: “Enfrentó una deuda -la de Macri., una pandemia, una guerra: y tenerla siempre a Cristina encima”.

Pero la resignación albertista se puede resumir asi: “Con Sergio, compramos un tubo de oxígeno: podrá salir bien o salir mal”, indica el funcionario que deberá enfrentar el ingreso de un Massa “súper recargado” y con la intención de ir por todo. Incluso, la postulación presidencial por el peronismo, algo que anhelaba Alberto Fernández y que hoy, asoma como una quimera.

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