La única final que no pudo ganar Messi en Qatar: lo que no se contó del torneo interno que hizo furor en el plantel argentino durante el Mundial

En paralelo al camino a la gloria, puertas adentro del búnker de Qatar University, las estrellas de la selección argentina se jugaron el honor en 40 cartas. Porque aunque suene a un pasatiempo en pos de fortalecer el espíritu colectivo de la delegación, los torneos de truco en la Albiceleste ya son leyenda. No valen, claro, un Mundial, pero detrás del hito en Doha, de la imagen de Lionel Messi levantando el trofeo que más anheló en el escenario montado sobre el césped del estadio Lusail, se escondió el único tropiezo del capitán en la travesía.

Es que La Pulga alzó la Copa del Mundo, ganó el Balón de Oro al mejor jugador de la competencia, pero resignó la corona como rey del truco que había obtenido en buena ley junto a Rodrigo de Paul y Leandro Paredes en las concentraciones durante la Copa América de Brasil. Con el agregado de que debió entregar el cetro (y el consecuente premio de 3600 dólares) en la final.

No es una exageración si se asevera que el torneo de truco es uno de los acontecimientos más esperados en la intimidad de la Selección. Sólo un puñado no participó en Qatar, por diversos motivos: Pablo Aimar, Gernán Pezzella y Marcos Acuña integran ese grupo. Al Huevo, por caso, no le atraen demasiado los juegos de cartas. Eso sí, ninguno estuvo ajeno a sus alternativas y prolija organización, al punto que el 20 de noviembre, dos días antes del debut ante Arabia Saudita, ya estaban determinados el fixture, el costo de inscripción (100 dólares por cabeza) y el formato. Sólo ante aquel inesperado tropiezo frente a los asiáticos sufrió jornadas de pausa.

Para llevarse el pozo, el campeón debió superar a sus rivales en un mata mata de eliminación directa al mejor de 3 partidos a 30 puntos, sin flor y con castigos para el que se quiera cartear, o sea, hacer trampa y acomodarse las cartas. Eso sí, cada participante cuenta con su estrategia para engañar o hacer levantar la temperatura de sus rivales. Angel Di María, en trío con Paulo Dybala y Nicolás Otamendi, es acusado de ser beneficiado por la suerte a la hora de recibir las cartas. El capitán Messi es señalado por lo mismo, por su espíritu competitivo que abarca hasta el juego más inocente, y por su afán de mentir para gambetear a sus adversarios. Igual que con los botines y la pelota.

En otras épocas supo jugar con el Kun Agüero como uno de sus escuderos. En el Mundial 2018, por caso, el ex Manchester City quedó en el ojo de la tormenta por “arreglar los sorteos” junto a su socio. “Son unos muleros”, denunció entonces con humor Omar Souto, histórico gerente de selecciones. “El Kun tarda una hora, agarra las cartas, las mira, te saca las ganas de jugar. Leo empieza a mirar para arriba, le dice al Kun: ‘¿Qué hacemos?’. Y decís cualquier cosa porque te ganan por cansancio”, reveló.

Esta vez, el ex atacante recién se sumó a la concentración full time en los últimos días. Por ende, no participó del certamen. Algunos de los tridentes que pujaron por el pozo fueron Gonzalo Montiel, Exequiel Palacios y Franco Armani; Dibu Martínez, Gerónimo Rulli y Guido Rodríguez; Lautaro Martínez, Nicolás Tagliafico y Juan Foyth; Lionel Scaloni, Walter Samuel y el Ratón Ayala; Ángel Correa, Thiago Almada y Papu Gómez o Lisandro Martínez, Cuti Romero y Nahuel Molina.

En este último equipo quedaron esquirlas de lo que sucedió en la mesa, que ni la emoción por la vuelta olímpica pudo borrar. Algo que salió a la superficie ante un posteo del lateral ex Boca, que sus compañeros usaron como disparador para dejarlo en evidencia. “Se termina un año lleno de buenos momentos y otros de mucho aprendizaje, gracias por todo, 2022, y que venga un 2023 lleno de alegría y salud para todos. Feliz año nuevo”, escribió en sus redes sociales. El hombre del Tottenham no lo perdonó. “¿Qué aprendiste?”, lo aguijoneó en un comentario. “A jugar al truco tendría que aprender”, remató el zaguero del Manchester United.

Pero así como Argentina y Francia llegaron a la gran cita y la Albiceleste se quedó con la Copa y la porción de historia en los penales, solo dos trinomios arribaron a la definición por los billetes y, sobre todo, el orgullo. Momentos de máxima tensión se vivieron en uno de los salones comunes de Qatar University. De un lado estaban los campeones defendores, los citados, Messi, De Paul y Paredes, quien además oficia de recaudador y gestor del torneo. Del otro, Claudio Tapia, presidente de la AFA, el también mencionado Omar Souto y el administrativo Alberto Pernas. Una batalla que terminó con el ala directiva con la estrella bordada, aunque no sin zozobra.

La pizarra con los tríos, la llave y los premios. Participaron jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y empleadosLa pizarra con los tríos, la llave y los premios. Participaron jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y empleados

“Chiqui juega bien, el tema es cuando no larga el teléfono. Entre que contesta los mensajes o atiende un llamado deja pensar a los rivales”, opinó uno de los espectadores. Pero esas distracciones no lesionaron el nivel del conjunto campeón. La Pulga y compañía se quedaron con el galardón consuelo de los 1200 dólares asignados al segundo.

De todos modos, dicen que Paredes demoró en la repartija. “No quería pagar, tenía pisada la caja”, le apuntaron en la intimidad, señalando la derrota como la causa del freno. Finalmente, antes del regreso a Buenos Aires y de la caravana, la entrega de premios se hizo efectiva. El torneo de truco, sus avatares y chicanas, no hacen más que semblantear el clima de camaradería y afinidad que reinó en Doha. Con la visita de los jugadores que se quedaron afuera por lesión (Lo Celso, Nico González, Joaquín Correa y el propio Kun); con otras actividades para compartir, desde las mateadas a las visitas al coiffeur que fue parte de la delegación. O las partidas de Play Station, una costumbre de los más jóvenes.

“Fue un acierto el lugar de concentración. Porque era muy grande, con lugares comunes para compartir, y también para que cada uno tuviera su espacio. En las visitas de las familias pudieron tener intimidad. Fue muy linda la convivencia. Es un grupo bárbaro”, describió alguien que conoce muy bien su dinámica. Las cartas fueron una excusa más para estar juntos… Aunque un envido mal cantado pudiera representar quedar en el blanco de las bromas hasta el Mundial de 2026.

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