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La OMS levantó la emergencia sanitaria por la Covid-19 pero llamó a «no bajar la guardia»

La Organización Mundial de la Salud (OMS) levantó hoy el más alto nivel de alerta sobre la pandemia de Covid-19 que dejó «al menos 20 millones» de muertos en el planeta durante más de tres años, pero exhortó a los países a «no bajar la guardia», ya que «el virus llegó para quedarse» pese a que ahora la situación esté más controlada.

«Con gran esperanza declaro que la Covid-19 ya no es una emergencia sanitaria de alcance internacional», afirmó el director general del organismo sanitario, Tedros Adhanom Ghebreyesus, al estimar que la pandemia dejó «al menos 20 millones» de muertos, casi tres veces más que el balance oficial de su organización.

Al 3 de mayo, el cuadro de indicadores de la OMS mostraba poco menos de 7 millones de fallecidos registrados oficialmente, mientras que la nueva cifra fue calculada teniendo en cuenta el exceso de mortalidad, es decir la diferencia entre el número de muertes reales en ese periodo y el número de decesos considerado normal sin que haya una pandemia, basándose en las estadísticas existentes.

Tedros explicó que los expertos sanitarios consideraron «que era hora de pasar a una gestión a largo plazo de la pandemia de Covid-19», a pesar de las incertidumbres que subsisten sobre la evolución del virus.

«Esto no significa que la Covid-19 haya dejado de ser una amenaza para la salud mundial», manifestó en conferencia de prensa y recordó que la semana pasada el virus «se cobró una vida cada tres minutos, y eso solo en las muertes que conocemos».

«Mientras hablamos, miles de personas de todo el mundo luchan por su vida en unidades de cuidados intensivos. Y millones más siguen viviendo con los efectos debilitantes de la afección posterior», resaltó.

«Este virus está aquí para quedarse. Sigue matando y sigue cambiando. Sigue existiendo el riesgo de que surjan nuevas variantes que provoquen nuevos repuntes de casos y muertes», alertó desde la sede central del organismo en Ginebra (Suiza).

«Lo peor que podría hacer ahora cualquier país es utilizar esta noticia como motivo para bajar la guardia, desmantelar los sistemas que ha construido o enviar el mensaje a su población de que la Covid-19 no es nada de lo que preocuparse», enfatizó el médico etíope.

«Lo que estas noticias significan es que es hora de que los países pasen del modo de emergencia a gestionar el coronavirus junto con otras enfermedades infecciosas», aclaró.

El más alto nivel de alerta de la OMS fue declarado el 30 de enero de 2020, unas semanas después de la detección en China de los primeros casos de esta enfermedad viral respiratoria contra la cual no existía entonces ningún tratamiento específico.

La expansión del virus fue rápida por el mundo, lo que llevó a varios gobiernos a imponer restrictivas medidas sanitarias, que implicaron varios meses de confinamiento, uso obligatorio de barbijos en espacios públicos y distanciamiento social, entre otras medidas.

Las fronteras y las escuelas se cerraron, y durante los recordados meses de confinamiento vividos en tantos países, «millones de personas experimentaron soledad, aislamiento, ansiedad y depresión», subrayó hoy el director general de la OMS.

En algunos países la gestión sobre la pandemia fue caótica, como el caso de las decisiones tomadas para afrontar la enfermedad por los entonces presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de Brasil, Jair Bolsonaro, que hicieron oídos sordos a las recomendaciones científicas.

Pero en la actualidad las restricciones por la pandemia pasaron a un segundo plano y los testeos y la vigilancia sanitaria se redujeron drásticamente, pese a que la OMS consideró prematura esa estrategia.

Las vacunas, que aparecieron en un tiempo récord a fines de 2020, siguen siendo efectivas contra las formas más graves de la enfermedad, a pesar de las innumerables mutaciones del virus original.

Incluso ya existen inmunizantes bivalentes, como los que se ofrecen en Argentina, que sirven para prevenir casos graves ante más de una variante del virus.

Las vacunas fueron un éxito científico innegable, en particular aquellas con ARN mensajero implementadas por primera vez, aunque monopolizadas inicialmente por los países que podían permitirse pagar por ellas un alto precio a los laboratorios, dejando a los demás a la deriva durante meses.

La pandemia también agradó la visibilidad de los grupos «antivacunas» que se movilizaron masivamente y arrojaron sospechas sobre la vacunación en general, no solo contra la Covid-19, apoyados por campañas de desinformación en las redes sociales.

Las desigualdades económicas y el acceso a la atención quedaron brutalmente expuestas con las largas filas de brasileños con enormes cilindros de oxígeno para salvar a un ser querido de la asfixia, así como las pilas de cadáveres en espera de ser incinerados en India marcaron ese período, recordó la agencia de noticias AFP.

Las autoridades sanitarias ahora están buscando la mejor manera de evitar una próxima pandemia, o por lo menos estar mejor preparados cuando eso ocurra, y por eso los países miembros de la OMS empezaron además a discutir un acuerdo que evitaría una repetición de errores.

Mientras tanto, la directora de la OMS para acceso a vacunas, Kate O’Brien, indicó hoy que el fin de la emergencia sanitaria no supone un fin del esfuerzo desplegado a nivel global para inmunizar a las poblaciones contra la Covid-19.

Todas las vacunas autorizadas contra la enfermedad mantendrán su estatus, y proseguirán programas de acceso a los países menos desarrollados, como el caso del Covax, iniciativa por la que ya se distribuyeron unos 2.000 millones de dosis desde 2021.

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