Historia, misterios y fantasmas de la Casa del Dr. Plottier

La historia de la provincia de Neuquén está llena de anécdotas y misterios en los que nos podemos adentrar con el propósito de conocerlos y maravillarnos una y otra vez. Tierra de pioneros y de intrépidos emprendedores, cobija hoy en su memoria leyendas y tradiciones que se perpetuán y retroalimentan reclamando constantemente nuestra atención.

El Profesor en historia Agustín Hugo Milán lleva adelante una extensa carrera como docente e investigador. Fundador de muchas escuelas primarias y secundarias y prolífico escritor, su actividad lo llevó a formar parte de la Fundación Nuestra Historia y los institutos Belgraniano y Sanmartiniano respectivamente.

Su testimonio nos permite recrear la figura histórica del Doctor Plottier y de la Casa Museo que hoy atestigua unos de los rasgos edilicios de su legado patrimonial. “Juan Alberto Plottier nació en Paysandú, Uruguay, el 9 de agosto de 1871, hijo de Eugenio Plottier (oriundo de Bélgica) y Rosalía Velloux (nacida en Suiza), como se lee en la partida de nacimiento registrada en la Iglesia Parroquial de Paysandú. Siempre usó el nombre Alberto Plottier y así fue identificado socialmente», contó.

Su padre, Don Eugenio Plottier, fue un importante comerciante, vinculado a la Confederación Argentina, fundador en 1870 de la “Barraca Americana S.A.” para importaciones y exportaciones de frutos del país y mercaderías con embarcaciones propias, navegando el Río Uruguay y el Río de la Plata entre los muelles de Paysandú, Montevideo y Concepción del Uruguay.

También fue importador de manufacturas norteamericanas, que llegaban en embarcaciones del país del norte: como arados de mano, rastrillos, hachas, picos, lonas y lonetas de algodón, máquinas de coser, carrocerías para carruajes; también habrían recibido azúcar refinada y harina en barricas.

Juan Alberto Plottier, fue el hermano menor de esa familia europea radicada en Paysandú, República Oriental del Uruguay. Asistió a una escuela primaria en su ciudad de origen, pero cursó los estudios secundarios como pupilo en el Colegio San José de Buenos Aires, obteniendo allí su título de Bachiller en 1891.

Los estudios superiores los realizó en Europa. En primer término, lo hizo en la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica y en la Universidad de Ginebra de Suiza, donde obtuvo el Título de Bachiller en Ciencias Médicas en 1894, y el 2 de febrero de 1897 el de MEDICO. Este último título lo revalidó en la República Argentina en 1907. Realizó varios postgrados, uno de ellos fue en radiología, como una tecnología novedosa para el diagnóstico. El Dr. Alberto Plottier trajo de Europa el primer equipo de rayos X, para su consultorio porteño de Suipacha 431, que le servía también de domicilio y donde acreditaba su especialización en Pediatría.

Pero la medicina fue postergada poco a poco cuando tuvo conocimiento de la venta de tierras en el Distrito I del Territorio de Neuquén en 1907. Convenció a sus Hermanos Eugenio y Adolfo para formar una Sociedad y realizar el emprendimiento comercial en esta región. Imbuidos de la vorágine terrateniente que siguió a la Campaña Militar del Desierto, el Dr. Alberto Plottier le compró 3 lotes a Valentina Brun de Duclout (esposa del agrimensor del territorio Jorge Duclout y origen de la Colonia Valentina) para la formación de su Establecimiento “Los Canales”.

Milán recordó que los hermanos Plottier llegaron a la región inspirados en la memoria del Dr, Alberto por la geografía de canales e islas de los Países Bajos Europeos; también evocaba las instalaciones familiares y comerciales de Concepción del Uruguay y Paysandú, sobre el río Uruguay, aunque también, hubo canales contribuyentes en ambas riberas. «El médico viajó a esta zona antes de comprar los lotes; conoció La Herradura y la Laguna Larga. Supongo también que debe haber identificado el pequeño muelle, del que quedan huellas a la vera de la Estación de Piscicultura, que servía para entonces como atracadero de los vaporcitos navegantes del Limay, en ascenso y descenso”.

Según consta en los registros del Alberto Plottier hijo, en el 20 de noviembre del año 1908, el Dr. Plottier llega desde Buenos Aires, con un importante cargamento de materiales, máquinas y herramientas de todo tipo, regresando a los pocos días a Buenos Aires.

“A orillas de la Laguna Elena (nombre que le asignó el Dr. Plottier a la Laguna Larga) hizo construir una mansión con reminiscencias de las viviendas palaciegas de Amberes o Lieja, en la Europa de comienzos del Siglo XX. Arquitectos, constructores y materiales fueron traídos del viejo continente y de la Buenos Aires de la belle epoque de la Generación del 80 con sus palacios y edificios públicos, como el hermoso Teatro Colón», contó Milán.

La casa, construida en la primera década de este siglo, está ubicada en el costado sur de la ciudad de Plottier y fue el casco de la estancia del fundador de la localidad. Se llega a ella a través de la calle que perpetúa al pionero.

La residencia está compuesta de un edificio central, que evidentemente es el más antiguo, y de dos auxiliares que fueron erigidos en épocas más recientes, aunque conservando la línea arquitectónica primaria. La antigua vivienda del Dr. Alberto Plottier está compuesta por 9 amplias habitaciones, cinco baños, dos cocinas, un living comedor de inmensas dimensiones y dependencias auxiliares.

La amplia galería, que cubre casi el cincuenta por ciento de del contorno de la vivienda, está ornamentada con finos detalles de mampostería, tanto en los techos como en las aberturas, faroles trabajados con hierro forjado y rodeada de enredaderas y jardines. Hasta las piletas del lavadero están recubiertas con azulejos pintados a mano. Sobre el techo, en el costado norte de la vivienda hay un molinete de viento, que indica los cuatro puntos cardinales y en su parte móvil asemeja la figura de un gallo. También está realizada con hierro forjado, lo mismo que los faroles del parque que circunda la casa.

El parque es realmente de ensueño, con diversos tipos de coníferas y otros árboles, que por sus dimensiones se presume fueron plantados a principios de siglo. En medio de este bello espacio hay una glorieta construida de madera y rodeada de rosales silvestres, tipo enredadera. Al este de la vivienda existe todavía una gran “pajarera” …En realidad no hacen falta jaulas. Los pájaros más característicos de la zona han hecho del hermoso paraje su lugar predilecto. También lo han hecho las aves acuáticas que conviven ocupando la Laguna Elena.”

Con los datos aportados por el historiador pueden darse una idea bastante exacta de cómo se desarrollaba la vida cotidiana en las dependencias del establecimiento.

“A través del testimonio oral de doña Leonor Bastías rescatamos algunas misceláneas de la convivencia en la mansión. Destaca que cocinaba comidas francesas para complacer los gustos del Dr. Plottier. Las provisiones llegaban desde Neuquén Capital o desde Buenos Aires. En la tienda Gatt y Chaves de la ciudad porteña hacia las grandes compras de ropa y enseres para todos. Las fiestas las realizaban en un salón de espejos “La Veranda”, calefaccionado con estufas a carbón. Allí festejaron en familia los 15 años de María Elena Plottier. Hasta que compró su auto Izzetta Fraschini realizaba el Dr. Plottier viajes en sulky hacia Neuquén. El camino era medanoso y muchas veces debían acompañarlo peones para superar las dificultades», contó.

Por estudios históricos realizados sobre la Ciudad Capital se sabe que el Dr. Plottier fue miembro honorario del primer partido político constituido para conducir la Municipalidad, que logró imponer sus candidatos en los primeros años.

También se supo que fue periodista y corresponsal del Diario “La Prensa” de Buenos Aires, donde viajaba con frecuencia usando el ferrocarril.

«Hasta la Declaración de la Casa como Monumento Histórico Municipal la Casona Histórica, fue propiedad del Dr. Félix Muñoz cuñado del Dr. Plottier. Asimismo, vivió en ella y estuvo como cuidador Oscar Gopar un vecino de Plottier. El resto del predio fue adquirido en subasta por una empresa uruguaya”, agregó Milán.

La Casa no está ajena a las historias de fantasmas que se cuentan en todos los rincones de nuestra región y aunque reacios a brindar sus nombres completos, testigos calificados nos han proporcionado a través de sus testimonios la evidencia de actividades sobrenaturales que se producen en ella.

Mauricio fue un sereno y cuidador del predio desde el año 2009 en la Casa del Doctor Plottier. «Cuando empezamos trabajábamos junto con un maquinista y después quedé trabajando yo nada más. Muchas veces estando solo en la Casa de Plottier se escuchaban ruidos o bien, teniendo todas las luces apagadas se encendían, o a veces las encontraba encendidas, en la parte de la casa en dónde está la estufa hogar, a la mañana cuando llegaba», recordó.

«De pronto a la noche escuchaba un ruido afuera y al salir no había nada. En una ocasión vi patente un caballo blanco y al salir a recorrer ya no estaba más ahí. Fue haberlo visto por la ventana y en el lapso en que salí ya no estaba más. Recorrí bien por el lado de la laguna que es por dónde se había aparecido y no había huellas, que los caballos lógicamente suelen dejar, ni marcas de pisada ni en el césped ni en la tierra», añadió.

«Debajo de la Casa hay un subsuelo con un sótano y en las paredes hay grilletes como los de los calabozos. Ahora eso está todo tapado con una pared nueva que se le hizo, pero yo lo recuerdo muy bien. La gente nos suele comentar que aquí en lo que era la chacra trabajaban algunas personas que cumplían condenas con la ley casi en forma de esclavos. Otros dicen que se trataba de presos que enviaba Nación para que cumplieran su pena como peones y por eso los grilletes. Cuando yo empecé a trabajar los grilletes todavía estaban y se podían ver porque aún no habían hecho la pared, adentro había agua y estaba todo inundado casi a la mitad de mis botas. Después otra gente que trabajó acá veía luces dentro de la Casa en la noche y cuando se iban a fijar no había nadie dentro y además estaba cerrado. En las recorridas escuchaban sonidos de alguien hablando y cuando se acercaban las voces callaban. Muchas veces, cerca de la laguna se escuchaba el llanto de un bebé y tampoco encontraban rastro de que alguien hubiera estado por ahí», comentó.

«Al lado de la Casa de Plottier, hay una construcción en la que también se oían y pasaban cosas. Muchos tractoristas que trabajan de noche veían y escuchaban cosas raras”, concluyó.

La historia del Viborón de Plottier es otra de las leyendas urbanas que rondan en el imaginario y la memoria de sus habitantes, con sus datos fehacientes y detalles escabrosos que merecerán sin duda darse a conocer en una próxima nota en la que abordemos otro de los misterios de nuestra región.

Fuente: LMN

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