Feminista en falta: Que Dios nos ayude (sobre todo a las mujeres)

Es como el meme del hombre araña: funcionarios del gabinete de Juan Manzur que se escandalizan ante la misoginia del candidato opositor. Y sería hasta gracioso si no fuera tan triste, pero es que, en el país del #NiUnaMenos, pareciera que las mujeres no tenemos más alternativa que tolerar el machismo institucionalizado. En todas partes. La principal lista de la oposición sostiene al diputado que es noticia todas las semanas por su desprecio al género y ya lo ha dicho todo con los gestos; y en el oficialismo hay voces, fotos y eufemismos para justificar que el señor que le impidió la interrupción legal del embarazo a una niña de once años esté ahora a cargo de los destinos del gobierno, y con eso, de los de todas las niñas y mujeres del país.

En lenguaje inclusivo, eso sí, supuestos aliados juzgan cualquier atisbo de cuestionamiento al ex gobernador tucumano de “palermitano”, y elogian su “volumen político” y capacidad de gestión por encima de su compromiso con los derechos. Lo plantean sin pudores como si se tratara de un problema de ricos, como si obligar a atravesar una cesárea a una niña tucumana o fraguar las cifras de mortalidad infantil en su provincia fueran hechos menores y aceptables frente a otras necesidades más urgentes; como si los derechos fueran un lujo para pocos que sólo importa desde la burbuja de superioridad moral porteña que no entiende que el asunto “es más complejo”.

Es cierto que un diputado no tiene el peso institucional de un jefe de Gabinete, y que, en los hechos, pese a las formas, Fernando Iglesias es más liberal que misógino: en cuestiones como el aborto, votó a favor. Algo parecido se puede decir de Manzur, para quien la vida y la autonomía de las mujeres tienen el color de quien promueva las leyes: al momento de la sanción de la IVE en 2020, de los cinco diputados tucumanos de su bloque, cuatro votaron a favor. Pero a mí por lo menos me deprime entender que el machismo sigue siendo tan transversal, y que nos digan a las mujeres que, para nosotras, los hechos y las formas son cosas a negociar, que nuestra queja no es oportuna, que le hace el juego a los macristas o a los K, que nuestros derechos otra vez pueden esperar. Si hasta tenemos un ministerio en nuestro nombre para avalar que el caudillo de la única provincia provida de la Argentina sea la imagen de la campaña oficialista.

La ministra Elizabeth Gómez Alcorta denunció a Manzur por obstruir el acceso a la ILE de la niña Lucía en marzo de 2019. Lo hizo junto a la referente Cecilia Checha Merchán, que esta semana renunció a la Secretaría de Igualdad y Diversidad. La ministra dice que volvería a denunciar a quien hoy es su jefe, porque eso lo hizo “en calidad de militante feminista”, y no como ministra. Pero, ¿no fue acaso su militancia en el feminismo lo que le dio las credenciales para ocupar el cargo? ¿Por qué tendría sentido que fuera ministra si no fuera para combatir y compensar las desigualdades de género, es decir, por su feminismo? ¿Para qué sirve un Ministerio de las Mujeres si no es para eso?

Tampoco este es un dilema tan simple. Al final casi siempre todo “es más complejo”. ¿Nos sirve a las mujeres que la ministra ceda ese lugar al avance de los que nos niegan derechos? Hay quienes desde el feminismo plantean que quedarse y resistir también es necesario, pero ¿a cualquier precio?

Al día siguiente de la designación de Manzur, Gómez Alcorta se reunió con Fernández para discutir la paridad en el gabinete: con el reemplazo de Sabina Frederic por Aníbal Fernández en Seguridad –sí, el mismo que ante la foto del presidente de fiesta en plena cuarentena se preguntó qué otra cosa podría haber hecho si al llegar a Olivos había un cumpleaños, como si existiera una única opción natural: “¿Tiene que cagar a palos a la mujer porque cometió un error?”–, sólo quedaron dos mujeres al frente de los 21 ministerios nacionales, Carla Vizzotti, en Salud, y la propia responsable de Género y Diversidad. Es la misma cantidad de ministras que tuvo Mauricio Macri en un gabinete de 11 ministerios, con la diferencia de que ahora hay una cartera que se ocupa de nuestras cuestiones y nos dice de algún modo que debemos conformarnos con tener un espacio para conversar y expresar nuestra preocupación, y que no importan los hechos, porque “la política de género es prioridad” para el Gobierno, aunque no lo veamos.

La ministra de Mujeres, Género y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta. EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo
La ministra de Mujeres, Género y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta. EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo

Se parece bastante a una trampa tener un Ministerio de las Mujeres para hablar de las cosas de las mujeres (insertar acá emoji de uñitas pintadas de rosa) mientras las políticas verdaderamente prioritarias siguen en manos de varones o de una mujer a la que el género le interesa tan poco que en doce años no sólo congeló el debate por el aborto, sino que, como narra en su libro de memorias, en 2015 vio a la masiva movilización contra la violencia machista que significó #NiUnaMenos como una marcha de la oposición. Marcarlo, sin embargo, está prohibido, al punto en que algunas de las que se proclaman populares insisten por estos días en bajar línea sobre un supuesto feminismo correcto con argumentos propios de los sectores más rancios y conservadores: “No en nuestro nombre”, repiten, como si los feminismos tuvieran uno solo. Como si la fuerza del movimiento no estuviera dada, precisamente, por nuestra capacidad de aliarnos contra las desigualdades y la misoginia por encima de nuestras diferencias.

Es esa fuerza la que debería evitar que normalicemos que el gabinete nacional sea conducido por el hombre bajo cuyo mandato una chica de 27 años pasó presa más de dos por un aborto espontáneo. La misma que debería empeñarse en dejar en claro que la crisis y los resultados de las PASO nada tuvieron que ver con la agenda de ampliación de derechos, que es una conquista de todos. Pero, quién sabe, tal vez llegamos hasta acá para descubrir que sólo nos queda ocuparnos de las formas, de la manera en que se escriben los comunicados del Banco Central, o de cómo decimos que el jefe de Gabinete está en contra de nuestros derechos. Si es así, como dijo él mismo el miércoles, que Dios nos ayude, sobre todo a las mujeres.