El día que Kiss se mostró sin maquillaje: los mitos de la banda sospechada de simpatizar con el demonio y el nazismo

“Todo arte debería tener cierto misterio y exigir algo del espectador. Darle a una escultura o un dibujo un título demasiado explícito se lleva parte de ese misterio, por lo que el espectador pasa al siguiente objeto sin tratar de considerar el significado de lo que acaba de ver”. La frase es del artista plástico Henry Moore, pero podría haber sido de cualquier creador, salvo, tal vez, de un creador de pornografía, cuyo mercado no suele demandar ambigüedad . El 18 de septiembre de 1983, Kiss, la banda de rockque mejor había explotado la atracción por lo oculto, decidió mostrarse a cara lavada en un especial de MTV, tras haber tocado durante una década con maquillaje mezcla de cómic satánico y teatro kabuki. La idea era dar un giro hacia el glam metal y el mayor golpe de efecto de su carrera. Pero no: fue, apenas, una revelación apática. Entrevistados ante cámaras, Gene Simmons y Paul Stanley, miembros fundadores del grupo, revelaron que en la previa de algunos shows se habían mezclado con el público sin ser reconocidos, que los disfraces era extensiones de sus personalidades y que no les importaban los críticos que los habían tratado de artistas circenses. No mucho más: Moore tenía razón.

Kiss no se terminó ese día (lo que quizá habría justificado que sus integrantes revelaran sus identidades). La banda siguió tocando. Cuatro décadas después, sigue. Al menos hasta diciembre próximo, cuando se despida en el Madison Square Garden con el cierre de la gira “End of the Road”, que lleva años. “Kiss nació en Nueva York, en la calle 23, hace medio siglo. Será un privilegio y un honor finalizar el tour en el Madison, a diez cuadras del lugar en el que empezamos hace cincuenta años. La razón de ponerle fin al grupo es el orgullo y el respeto por nosotros y los fans. Si llegaste a ser campeón del mundo no tenés que seguir hasta que tus piernas no puedan sostenerte y pierdas. Hay que saber retirarse a tiempo”, dijeron Simmons y Stanley, bajista y guitarrista, hoy de 74 y 71 años.

Pero volvamos a aquel 18 de septiembre de 1983: Kiss venía barranca abajo y, al golpe efectista de mostrar las verdaderas caras de sus integrantes, le sumó el lanzamiento de la canción “Lick It Up”, cuyo álbum salió a la venta días después. Más adelante, los músicos iban a retomar el maquillaje, los trajes estrafalarios, el misterio y una mitología de origen incierto que fomentaron con el silencio.

Una imagen de la gira de 1983 en la que Kiss tocó a cara lavada (Photo by Pete Still/Redferns)Una imagen de la gira de 1983 en la que Kiss tocó a cara lavada (Photo by Pete Still/Redferns)

Campeones en mitos urbanos

Hacia finales de los 70, Kiss era campeón mundial de mitos urbanos. Afirmaciones, repetidas asertivamente por sus fans, sobre hechos estrafalarios, escandalosos y, en algunos casos, repudiables. Si no era la usina generadora de esas versiones -vamos a darle a Kiss el beneficio de la duda- la banda no las desmentía. Sin intención de agotar la lista, recordemos algunas de esas afirmaciones: 1) Soltaban pollitos sobre el escenario y los aplastaban a pisotones con sus botas con plataformas. 2) Simmons se hizo cortar el frenillo de la lengua para poder sacarla hasta debajo de su mentón, ensangrentada. 3) Simmons se hizo un injerto de lengua de vaca. 4) El nombre Kiss era una sigla demoníaca, surgida de Knights In Satan’s Service (Caballeros al Servicio de Satán). 5) Stanley murió en 1975 en un accidente de auto y fue reemplazado 6) El baterista Peter Criss se convirtió en homeless que vagaba por las calles. 7) Los miembros de Kiss eran nazis, como lo demostraba la tipografía de las SS del logo.

Ninguno de los puntos era cierto, pero cada uno merece una aclaración. 1) Kiss jamás mató a un animal sobre el escenario; uno de los pocos casos de algo así fue protagonizado por el inimputable Ozzy Osbourne, que decapitó un murciélago en un show en la ciudad de Des Moines, el 20 de enero de 1982. 2) y 3) La lengua del bajista, impactante por su tamaño y desplegada por él con sangre falsa, era un atributo natural. “Desde mis trece años tuve una lengua muy grande, superlarga. Pronto descubrí que me resultaba muy útil con las chicas”, alardeó Simmons. 4) El nombre Kiss, Beso, surgió cuando el baterista Peter Criss contó que había tocado en una banda llamada Lips, Labios, y Stanley le preguntó al resto qué le parecía Kiss. Si bien es cierto que Simmons hizo declaraciones públicas como “Me intriga conocer el sabor de la carne humana”, sus únicos contactos con el demonio fueron para operaciones de marketing. 5) y 6) Ni muerto ni linyera: Stanley se sometió a varias operaciones de cadera, aunque recientes, los años no vienen solos, pero está vivito y cantando; Criss vive en su casa con más dinero que cualquiera de los lectores de esta nota en su cuenta bancaria.

Impresa con sangre

El punto 7 es el más denso y el más absurdo. Más, si uno conoce el origen y las identidades de los líderes de Kiss. Simmons nació en Haifa, Israel, el 25 de agosto de 1949. con el nombre Chaim Witz. Sus padres, muy pobres, eran emigrantes judíos húngaros; su madre, Flóra Kovács, estuvo en un campo de concentración nazi: ella y un tío del músico fueron los únicos miembros de su familia materna que sobrevivieron al Holocausto. Y Paul Stanley, nacido Stanley Bert Eisen el 20 de enero de 1951 en Queens, Nueva York, también tenía padres judíos y sintió, desde chico, desprecio por los discriminadores. Una enfermedad llamada microtia -malformación de la oreja- le provocó sordera en el oído derecho y, por esta causa, sufrió el bullying de compañeros y maestros de su escuela. Sin embargo, es cierto que el logo de la banda -diseñado por el guitarrista Ace Frehley, otros de los históricos de Kiss-, con dos eses en forma de rayos, fue confundido con el símbolo rúnico nazi. En Alemania, la banda debió modificar el logo y presentarlo con dos zetas dadas vuelta. “Mi madre fue trasladada a un campo de concentración a los 14 años. Es estúpido pensar que somos nazis. Son historias que se inventan por pura imbecilidad”, declaró Simmons.

Entre tanto dato falso hay uno que es real: que una historieta de Marvel que presentaba a los miembros de Kiss como superhéroes estaba impresa en tinta mezclada con sangre de los músicos. De hecho, la portada de la publicación, de 1977, dibujada por Gray Morrow (dibujante del Capitán América), alertaba: “Printed in real Kiss blood”. Pues bien, no era mito urbano sino verdad. Como parte de la promoción, Simmons, Stanley, Frehley y Criss se sacaron sangre en presencia de un escribano público y las muestras fueron mezcladas con tinta roja en la editorial. “A alguien se le ocurrió la idea de poner sangre real en la tinta y todos fuimos hasta la imprenta de Marvel en Buffalo para hacerlo”, confirmó Simmons. Como pocos le creían, mostró fotos de la extracción. Las ventas de la revista superaron todas las expectativas: 40.000 ejemplares en su primera tirada. Hubo una segunda edición, igual de exitosa, pero después Marvel quiso adueñarse de los derechos de los personajes y Kiss se negó con más vehemencia que elegancia: “Pueden besarnos el culo, individual y colectivamente”.

Kiss sin maquillaje tocando en Londres en 1983 (Photo by Pete Still/Redferns)Kiss sin maquillaje tocando en Londres en 1983 (Photo by Pete Still/Redferns)

Ataúdes sí, juguetes sexuales no

Kiss se convirtió, con el paso de los años, en una máquina de generar dinero. Los productos de su marca abarcaron casi todos los rubros. Según Simmons, la banda sólo se negó a que el nombre apareciera en atados de cigarrillos y juguetes eróticos; ignoramos, en este último caso, por qué: una pena, ya que la palabra Kiss suena adecuada y vibrante. “En realidad, todos los grupos hacen lo mismo: cobran por sus remeras y por las entradas a sus recitales. Pero nosotros también decidimos vender ataúdes, máquinas de pinball y todo lo que se nos ocurriera. ¿Capitalismo? Por supuesto que es capitalismo. Si trabajas, quieres que te paguen. El capitalismo es bueno, crea empleos para la gente. El comunismo no crea nada. Los negocios son una forma de arte y el arte es un negocio. El arte no es gratis, hay que pagar. A la gente no le gusta hablar de dinero, no sé por qué, pero a mí me encanta. Llevo el símbolo del dólar en una de mis billeteras y el del euro en otra. Es arte”, declaró el bajista, cuyo patrimonio supera los 410 millones de dólares.

En sus inicios, ni él ni Stanley tenían muchos dólares, y el euro no existía. El rock fue un modo de escape de la realidad y, al mismo tiempo, de hacer música y dinero. “Cuando era un muchacho, iba a ver a las bandas que me gustaban, pero siempre salía decepcionado -recordó Simmons-. Tocaban mirándose a los zapatos, no sentías que aquello fuera excitante. Al formar Kiss, nuestra idea era crear un grupo que nunca antes se hubiese visto en un escenario. Puede sonar extraño porque no teníamos experiencia ni sabíamos nada sobre ese mundo. Éramos solamente cuatro callejeros, de 20 y 21 años. Se nos ocurrió poner efectos especiales en todo el escenario y crear personajes: The Demon (él, Simmons), The Starchild (Stanley), The Catman (Criss) y The Spaceman (Frehley). No sé de dónde nos venían esas ideas. Al principio no conocíamos a ningún maquillador, ni siquiera teníamos manager, éramos solo nosotros cuatro tipos probando pintarnos la cara frente al espejo, sin ninguna razón, como si fuese todo una especie de plan cósmico. Pero cuando nos mirábamos los unos a los otros en la sala de ensayo era algo fascinante porque nos sentíamos diferentes, únicos”.

Stanley recordó, por ejemplo, el origen de Starchild, que exhibe una estrella alrededor de su ojo derecho: “Por un tiempo probé con The Bandit, El bandido, un maquillaje estilo “El llanero solitario”. Incluso lo usé en algunos shows y en sesiones fotográficas. Hasta me pinté la cara de rojo, pero parecía un tomate con pelo largo. Antes de decidirme por la estrella, me pintaba un anillo negro alrededor del ojo. Cada uno de nosotros lleva algo que refleja lo que es. Siempre me gustaron las estrellas y siempre me identifiqué con ellas. Cuando llegó el momento de ponerme algo en la cara, supe que finalmente sería una estrella”. En su larguísima carrera, Kiss tuvo algunos integrantes que se sumaron y salieron; entre ellos Erick Carr, quien tuvo su propio personaje, The Fox (El zorro), y Vinnie Vincent, como The Wiz (o The Ankh Warrior ). Ellos son los que aparecieron a cara lavada en 1983 con Simmons y Stanley.

Kiss volvió a los escenarios y planean cerrar su carrera con un recital en el Madison Square Garden de Nueva York (Photo by Kevin Mazur/Getty Images for A&E)Kiss volvió a los escenarios y planean cerrar su carrera con un recital en el Madison Square Garden de Nueva York (Photo by Kevin Mazur/Getty Images for A&E)

La vuelta carapintada

Más allá de aquel intento de golpe publicitario de quitarse el maquillaje, Kiss seguiría siendo asociado a su estilo original, carapintada. En la época de limpieza facial, la banda coincidió en un tour con Mötley Crüe, cuyo manager, Don McGhee, iba a trabajar con ellos. “Gene siempre me llamaba para decirme que quería hacer un acuerdo conmigo. Y yo le preguntaba: ‘¿Van a volver a usar el maquillaje?’ Él me contestaba que no y yo le decía que me llamara cuando se lo volvieran a poner -contó McGhee-. En 1995, me llamó y le hice la misma pregunta. Esa vez no dijo nada, entonces supe que íbamos a llegar a un acuerdo. Había visto a Kiss en 1992 con “Revenge”: sonaba muy bien, pero no era Kiss. El maquillaje es gran parte de ellos. Es una particularidad propia, en la que creen: alcanza con verlos un concierto. Al componer a esos personajes que inventaron, logran hacer cosas que no podrían hacer en remera y jeans”.

La práctica que impuso Kiss es conocida como “corpse paint” y fue empleada por músicos del género black metal para resaltar -en general con pinturas blanco y negro- una imagen siniestra. Dødheimsgard, Horror Punk, Massakren, entre otros grupos, emplearon ese tipo de maquillaje. De cara (pintada) a la despedida, Simmons sigue mostrando, con Demon, su gusto por el cine de terror, con los ojos marcados por alas de murciélago y un pico en su frente, a lo vampiro. Stanley, Starchild, luce su estrella en el ojo y labios intensamente rojos: una onda más sensual. Tommy Thayer, guitarrista reemplazante de Frehley, mantiene el look de Spaceman, inspirado en la astronomía y la ficción espacial. Eric Singer, en el lugar de Criss, Catman, declaró que en su niñez pobre, en Brooklyn, se sentía identificado con los gatos y el mito de las siete vidas. Y un dato más. Criss le había agregado a ese traje del hombre gato un tres, de cábala: el número que quedará en la historia del comienzo y final de la banda, 1973-2023, y también en la del año en que se descubrieron las caras.

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