Del maltrato y la indiferencia a la profesionalización: cómo nació la primera Asociación de fútbol femenino

Hace 30 años, el fútbol femenino era una práctica que pasaba casi desapercibida para el gran público en Argentina. La situación de las jugadoras era realmente muy precaria: la AFA no las quería bajo su órbita, los clubes se negaban a tener equipos y, en muchos ámbitos, sufrían tratos denigrantes. Fue en ese momento cuando dos mujeres que no pertenecían a ese mundo decidieron poner manos a la obra y crearon una entidad para proteger a las futbolistas, luchar por sus derechos y potenciar su actividad.

La Asociación Argentina de Fútbol Femenino (AAFF) fue fundada por Nils Altuna y Lilian Fadel en la segunda mitad de la década del 80′. El objetivo de la entidad no era solo organizar una disciplina que era sumamente amateur, sino que también buscaban darles contención a las jugadoras ante la precariedad en la que estaban inmersas.

Además, había otra meta: alejarlas de las garras de ciertos hombres que las trataban como “fenómenos de circo” y que las contrataban para hacerlas ser parte de espectáculos en los que las ridiculizaban a cambio de unos pocos pesos.

Desde 2020, cada 21 de agosto se celebra el Día de la Futbolista a partir de una ley votada por el Congreso Nacional. Mucho camino debió recorrerse en las décadas previas para que las jugadoras pudieran tener tamaño reconocimiento y la AAFF es gran parte de esa historia.

El nacimiento de la AAFF, casi una casualidad

Corría la década del 80′. Por entonces Lilian Fadel trabajaba en una agencia de publicidad y estaba bastante aburrida de su labor diaria. Un día, su jefe le ofreció ayudar a una amiga suya llamada Nils Altuna en la edición de una revista que había encargado la AFA. Su respuesta fue un sí inmediato.

El día que Lilian y Nils se reunieron por primera vez, ambas llegaron al encuentro con el mismo libro bajo el brazo: “Las mujeres que amaban demasiado”. Fue una señal de la conexión que prontamente desarrollarían.

La portada de uno de los números de la revista de la AAFF. (Imagen: archivo Lilian Fadel)
La portada de uno de los números de la revista de la AAFF. (Imagen: archivo Lilian Fadel)

Lo cierto es que el proyecto de la revista de la AFA nunca vio la luz, pero las dos mujeres -que venían del mundo de la producción artística y que no tenían demasiado roce con el fútbol- estaban a punto de embarcarse en una iniciativa que sería pionera en la Argentina.

El creador de la escuela de árbitras de Wilde invitó a Lilian y a Nils a presenciar los torneos que organizaba en el club Las Flores para que sus alumnas pudieran practicar y les pidió ayuda para organizar a las jugadoras y a los equipos que participaban de esos encuentros.

Las dos mujeres vieron más allá del deporte en sí: entendieron que había otras necesidades que las futbolistas no tenían cubiertas. Fue así como decidieron crear la Asociación Argentina de Fútbol Femenino con Nils Altuna como presidenta y Lilian Fadel como vice.

“Cuando creamos la AAFF fue porque vimos el maltrato que sufrían las chicas. Ellas jugaban en potreros con hombres y eran manejadas por sinvergüenzas que les hacían hacer espectáculos circenses. Hemos visto episodios denigrantes para la mujer. De pronto, en medio de los partidos, les hacían bajar los calzones a hombres, les daban alcohol, todas cosas terribles. Y con eso facturaban”, contó Lilian Fadel a TN.

Lo primero que hizo la AAFF fue crear un reglamento para la actividad del fútbol femenino. “Fue la forma de organizar sin discriminar. Las jugadoras y los técnicos que podían ir integrándose a esta nueva forma de hacer fútbol femenino empezaban a participar de AAFF y los que no, quedaban afuera”, explicó quien fuera vice de la entidad.

El departamento de Nils Altuna funcionó como la primera sede de la institución. La mujer tuvo serios problemas con el consorcio de propietarios debido a que, de pronto, muchos grupos de jóvenes entraban y salían de la propiedad o llegaban micros que trasladaban a los equipos a los torneos.

Más allá de los deportivo, se buscaba asistir a las jugadoras de fútbol en todas sus necesidades: en coordinación con el entonces Municipio de Buenos Aires y la secretaría de la Mujer, se gestionaba la atención de la salud (incluidas las lesiones), una ayuda para las madres solteras, el acceso a comedores populares, la provisión de bolsones de comida, entre otras cuestiones.

Nils y Lilian, de todos modos, seguían poniendo dinero de sus propios bolsillos a través de sus trabajos particulares para solventar cualquier gasto que surgiera en la Asociación. No recibían ningún tipo de aporte gubernamental y no formaban parte de la AFA debido a que el fútbol femenino aún no estaba bajo la órbita de la entidad de la calle Viamonte.

Femigol 90: el primer torneo grande del fútbol femenino de Argentina

El trabajo de la AAFF apuntó a desarrollar la disciplina y también a federalizarla. A la entidad podía ingresar cualquier equipo, no solo los que pertenecieran a clubes nucleados a la AFA.

A principios de la década del 90′, Nils y Lilian se dedicaban a convocar jugadoras, armar equipos y buscarles entrenadores. Con el proyecto ya encarrilado, iban a los clubes y les ofrecían albergar a esos equipos dentro de sus instalaciones y hacerlos propios. Para crear el conjunto de Boca, por ejemplo, recurrieron a una trampa.

“Teníamos mucha llegada a los medios de comunicación y los convocamos para presentar al plantel de Boca Juniors. Salió un artículo en doble página en la revista Noticias que decía que Boca tenía fútbol femenino. El por entonces presidente Antonio Alegre empezó a llamarnos un domingo a las 8 de la mañana preguntándonos cómo podía ser que Boca tenía fútbol femenino y él no lo sabía”, recordó Fadel, entre risas.

Una entrevista las fundadoras de la AAFF durante un partido. (Imagen: archivo Lilian Fadel)
Una entrevista las fundadoras de la AAFF durante un partido. (Imagen: archivo Lilian Fadel)

Después de ese episodio, Alegre se convirtió en “un gran aliado” de la AAFF y hasta les permitió promocionar al femenino en el entretiempo del fútbol masculino. En un partido entre Boca y San Lorenzo, con 60 mil personas en las tribunas, las jugadoras participaron de un mini-partido en el entretiempo y recibieron una gran ovación.

Lilian recuerda que el primer club que se comprometió con el fútbol femenino fue All Boys, que cedió su cancha y hasta indumentaria para organizar un cuadrangular del cual también participaron Atlanta, Yupanqui (el equipo más exitoso por esos tiempos) y Racing. La Academia, de hecho, fue una de las primeras instituciones de primera división masculina que sumó a un conjunto de mujeres.

“Hubo que hacer caer barreras propias de los prejuicios que había. Había mucho desconocimiento. Los clubes no estaban preparados para recibir a la mujer en el ámbito futbolero: no había vestuarios para ellas, no había infraestructura, no había horarios de canchas disponibles”, repasó Fadel.

Aún con todas estas trabas, el fútbol femenino no detuvo su crecimiento. A pedido de una madre, se abrió la primera escuelita para niñas en River y pronto recibieron “un aluvión de inscriptas”. Además, se formó una Selección argentina que entrenaba en un predio de dos hectáreas en la localidad de Derqui donado por Natalio Salvatori. Muchas veces, Lilian y Nils viajaban a dedo a distintos puntos del país para estar presentes en torneos a los que eran invitadas.

Producto de esta enorme construcción, la AAFF pudo organizar el Femigol 90, el primer gran campeonato del fútbol femenino argentino. De ese torneo participaron Yupanqui, Boca, All Boys, Laferrere, Sacachispas y Huracán, entre otros clubes. Fue un paso enorme para la disciplina y el escalón anterior al complejo desembarco en la AFA.

Cuando Grondona cedió a la presión

La AAFF era reconocida por la AFA, aún cuando no formaba parte de su organigrama, y tanto Nils como Lilian tenían diálogo con Julio Humberto Grondona, por entonces presidente de la Casa Madre del fútbol argentino.

Fadel asegura que Don Julio no quería que el fútbol femenino fuera parte de la AFA. De hecho, sostiene que fue él quién cajoneó una invitación que ella y Nils habían recibido para viajar a un Mundial.

Julio Grondona no quería al fútbol femenino bajo la órbita de la AFA.
Julio Grondona no quería al fútbol femenino bajo la órbita de la AFA.

Sin embargo, en determinado momento, Grondona tuvo que ceder ante la presión que imponía la FIFA presidida por Joao Havelange para que las federaciones nacionales incluyeran a la disciplina de mujeres. Entonces, decidió absorber a la AAFF.

“Ya estaba todo armado. Le allanamos el camino a Grondona. Lamentablemente fue así”, recuerda Fadel.

Este fue el detonante de la pelea entre las dos titulares de la AAFF: Nils quería arreglar el ingreso a la AFA y LIlian estaba en contra debido a que esto suponía que los equipos de fútbol femenino que no estaban bajo la órbita de los clubes no iban a poder ser parte de este nuevo proceso. Finalmente, se impuso la decisión de la primera.

“Yo dije: negociamos todo o nada. Fue una lucha muy grande para regalarla así. Quedaron muchos equipos marginados y afuera. Muchos desaparecieron, había mucha gente muy valiosa”, lamenta aún hoy Lilian, que quiso continuar con la AAFF, pero que entendió que ya sin clubes como Boca, River, Independiente o Racing, la entidad perdía poder de presión.

Así, en 1991, se terminó el viaje de esa aventura breve pero fundamental que fue la AAFF.

La AAFF, semilla de la profesionalización del fútbol femenino en Argentina

La disolución de la AAFF implicó también el fin de la amistad entre la presidenta y la vice. Nils murió hace algunos años y Lilian se alejó del mundo del fútbol, aunque siempre siguió ligada al trabajo social a través de una ONG.

Lilian cuenta que, cuando fundaron la AAFF, proyectaron que podían lograr la profesionalización del fútbol femenino en diez años. La concreción de ese sueño llegó, finalmente, treinta años después, en 2019: “Fue un gran desafío, luchamos contra muchas contrariedades por algo que no estaba asimilado en la sociedad. Ahora hablar de fútbol femenino es natural, pero en ese momento no lo era en absoluto. No había conciencia de que la mujer podía jugar al fútbol”.

El fútbol femenino de primera división de Argentina se semi-profesionalizó en 2019. FOTO: Reuters.
El fútbol femenino de primera división de Argentina se semi-profesionalizó en 2019. FOTO: Reuters.

Y valoró: “Me da orgullo haber sido un granito de arena, haber despertado a quienes no querían ver, saber que no trabajamos en vano. La fuerza de todas las mujeres que después continuaron la lucha hizo que hoy el fútbol femenino sea una realidad y un camino para muchas jóvenes que hoy ven una meta, un posible futuro y que de otra manera a lo mejor se les hubiese negado esta posibilidad”.

“Hoy pueden disfrutarlo, encontrar su vocación y tal vez salir de algunos lugares precarios o de muchas carencias. De otra manera, tal vez, hubieran sido discriminadas y no hubieran podido desarrollarse en una actividad que es para todo el mundo. Porque este es un deporte, no tiene género”, finalizó.

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