Cómo es “Animaciones Salvajes”, la serie en la que dialogan Charly García, Fito Páez, Luis Alberto Spinetta y otras leyendas del rock

No fue un amigo ni un familiar. Cuando más lo necesitaba, Bob Dylan se acercó a hablarle a Martín Ameconi. “La vida no se trata de encontrarte ni de encontrar otra cosa. Se trata de crearte y de crear cosas”, escuchó decir al genio de Minesota en el documental Rolling Thunder Revue. Y ese fue uno de los disparadores para que el argentino treintañero empezara a encontrarle una vuelta a los obstáculos que se interpusieron en su carrera durante la pandemia.

Un poco frustrado porque sus proyectos musicales se veían estancados por el contexto, el artista se reencontró con una de sus virtudes: el dibujo. ¿Quién no se amigó con viejas pasiones durante el aislamiento? En su caso ese pasatiempo terminó expandiéndose a Animaciones Salvajes, una serie animada que toca el corazón de los amantes de la música popular y conquista a grandes artistas como Fito PáezLiliana Herrero y Jorge Drexler.

A través de Salva, una versión ilustrada y enmascarada de sí mismo, Martín dialoga con sus héroes y maestros en animaciones tan simples como cautivantes. Puede ir desde los audios delirantes que Luis Alberto Spinetta le dejaba a Carlos Machi” Rufino en su contestador, pasando por la historia de amor entre Fabiana Cantilo y el autor de “Tumbas de la Gloria”, hasta una reflexión tremenda de Nina Simone sobre la libertad. Lo cierto es que le hizo caso a Dylan: empezó a crear y crearse.

– Cómo surge Animaciones Salvajes, una especie de desprendimiento de tu banda (El Baile de los Salvajes)

– El año pasado, durante la cuarentena más cruda de todas, estaba atravesando una desmotivación bastante grande en lo personal y en lo musical. Necesitaba tener un diálogo con alguien. Ahí aparecieron todos esos artistas que siempre me hablaron de alguna forma, sentí que era algo natural encararlo por ahí. Arranqué haciéndolo como un juego para divertirme con amigos, se los mandaba y se reían.

La portada del disco «El Baile de los salvajes», editado en 2019. (Foto: Spotify)

– Tus animaciones me motivaron a conocer tus discos. Y encontré una misma sensibilidad que atraviesa toda tu obra. Tus canciones, tus dibujos… lo percibí como un todo.

– Yo también lo siento así. Si bien soy músico, los dibujos son como una continuación. Cuando era chico dibujaba y parecía que me iba a dedicar a eso. Era una de mis pocas habilidades en la niñez. Lo que me gustaba justamente era hacer animaciones. Me compraba los cuadernos Gloria de hoja lisa y calcaba lo que estaba abajo y después pasaba rápido las hojas. A la vieja usanza. También hacía cómics y me gustaba mucho el cine. A los 6, 7 años, ya sabía quién era Steven Spielberg y sabía que hacía cosas que me gustaban. Mi familia por suerte siempre me fomentaba bastante. Yo decía que quería hacer películas o dibujitos.

– Te corriste de ese camino cuando apareció la música.

– A los 13 o 14 años, empecé a tocar. Y ahí me dediqué a la música, empecé a estudiar y dejé de dibujar, casi por completo. Pero cuando retomé la animación, lo sentí como una continuación de la música y no como una interrupción. Lo descubrí así. Me encontré que de repente tenía ganas de dibujar de vuelta, y no sentí como si estuviera interrumpiendo la música. Estoy disfrutando hacer esto.

– ¿De qué manera seleccionás los audios con los que vas a trabajar?

– Hay muchos artistas que me gustan y no los incluyo en las animaciones porque no siento tan genuino mi diálogo interno con ellos. Aunque dicen cosas buenísimas, no me hablaron a lo largo de mi vida y entonces no me sale. Que me atraviesen me permite plasmar un contexto relacionado al artista. Si no tengo un lazo profundo, el escenario es medio berreta. Y no quiero hacer algo porque creo que va a pegar. Los que están son los que me han ayudado a vivir.

– Algunas de tus ilustraciones y el clima de la serie, a veces, me remiten a las películas de Wes Anderson. ¿Quiénes son tus referentes?

– Soy muy fan de Vida acuática, pero no sé si es mi director predilecto. Me pasa algo muy particular estoy como muy visitante en el mundo de la animación y los dibujos. Sinceramente recién ahora me estoy empapando un poquito de animadores y dibujantes. Si bien vi dibujos animados y leí cómics durante toda mi vida, el hecho de meterme de lleno en este mundo es muy distinto. Ahora empecé a buscar referencias, todo a partir de las trabas e incapacidades con las que me enfrento cuando no puedo resolver una situación. Es ahí cuando voy a ver cómo lo hace otra persona.

– Y a quiénes usas cómo guías cuando se presentan esas trabas.

Me gusta mucho Tute, para mí es un referente en cuanto al dibujo y la paleta de colores que usa. A veces chusmeo sus libros. Y si bien soy muy fan de Los Simpson, como todos, y en los últimos años me volví fanático de BoJack Horseman, creo que busco más referencias en novelas gráficas que en animaciones. Eso se nota porque la serie está compuesta de cuadros casi fijos, que tienen un poco de movimiento.

– ¿Por qué llevás una máscara en tus presentaciones como músico y en tus animaciones?

– Yo estaba por sacar mi quinto disco y tenía ganas de que no salga con mi nombre. Yo venía sacando los álbumes como Martín Ameconi y Los Pulpos, la banda con la que sigo tocando. Pero estaba pensando mucho en el tema de la identidad, y la identidad como una cárcel. ¿Por qué siempre tan atado a ciertos patrones de conducta? No sé… estaba metido ahí. Y vocalmente ese disco estaba empezando a buscar cambiar un poco la voz: cantar temas totalmente roto, otros temas de una forma más pulcra.

El momento en que Dylan acompaña a Salva a elegir su máscara. (Foto: Instagram / elbailedelossalvajes)

– Eso explicaba Gabo Ferro sobre cómo pulió su estilo para cantar. Decía algo así como que cuando uno cantaba ‘dolor’ tenía que sonar a dolor.

– Yo lo aprendí de grande y fue revelador. Me dije “lo estuve haciendo mal durante toda mi vida”. Y fue un poco en ese plan que me encuentro con el documental de Martin Scorsese sobre Rolling Thunder Revue, una caravana musical que tenía una cuestión media circense. Ahí Dylan dice que en esa gira “faltaron más máscaras porque cuando alguien se pone una máscara te dice la verdad, a cara lavada es más difícil que te diga la verdad”. Eso me encantó, de ahí vino la idea del disco. Me fui a Once y compré varias máscaras en una casa de cotillón. Eran muy malas, muy feas. Y cuando las estaba por tirar, mi amiga Camila Diez me dijo ”no las tires, dámelas”. Ella las intervino, las repintó, y esa es la máscara que se ve en mi perfil de Instagram, la misma máscara que después le dibujé a Salva.

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