Claves del rechazo de Chile a la nueva Constitución: falta de consenso y voto de castigo a Boric

Una amplia mayoría de los chilenos ha rechazado este domingo la propuesta de nueva Constitución en el país. Con casi el 62% de los votos, la oposición al texto ha sido mayor de la que auguraban las encuestas. El resultado supone mantener, de momento, la actual Carta Magna, que fue redactada en 1980 por la dictadura de Pinochet y reformada por la democracia.

Los expertos consultados por RTVE creen que el resultado indica que el paquete de propuestas del proyecto constitucional no tenía el consenso social necesario, y que la polarización política en contra del presidente Gabriel Boric ha jugado en contra del voto afirmativo. A pesar de ello, la mayoría de chilenos quiere una nueva Carta Magna que definitivamente separe la democracia de la dictadura y que recoja derechos sociales.

 

Un proceso de año y medio y un texto pionero

El proceso para elaborar una nueva Constitución dio comienzo en octubre de 2020 con el apoyo de cerca del 80% de los chilenos a redactar una nueva Carta Magna. Una asamblea elegida de 155 miembros, formada en su mayoría por constituyentes independientes y progresistas, empezó a redactarla en mayo de 2021 y la completó a principios de 2022.

El texto rechazado declaraba a Chile un Estado social de derecho y consagraba derechos como salud pública y universaleducación gratuita y acceso a la vivienda y al agua.

La propuesta también incluye la protección del medioambiente; una serie de nuevos derechos para la población indígena, la igualdad de género para mujeres, niñas y «personas de las diversidades y disidencias sexuales y de género«; el derecho de esas mismas personas a una vida libre de violencia de género «en todas sus manifestaciones», ya sea desde el ámbito privado o público, y la libertad sexual y reproductiva, incluyendo el derecho al aborto.

También era un proyecto pionero por definir un Estado «ecológico», que «protege la vida humana y a la naturaleza«, y establecer la paridad entre hombres y mujeres en todos los órganos e instituciones públicos o semipúblicos. 

Rechazo al texto constitucional, no a la reforma 

Cristina Manzano, directora de esGlobal, ha asegurado en La Hora de La 1 de TVE que la sociedad chilena «quiere reformas» pero que no está de acuerdo con la forma en que se ha presentado el cambio constitucional.

«Sociedad y partidos están dispuestos a continuar con el cambio de la Constitución, pero no en la forma en que se ha presentado», ha explicado Manzano. «El texto no ha cuajado con más del 60% de los votantes, para muchos se ha ido demasiado a la izquierda y ha roto con la necesidad de consenso«.

Cristina Manzano: «Chile quiere reformas, pero en la forma en la que se ha presentado» – Ver ahora

Silvio Falcón, profesor asociado de Ciencia Política de la Universitat de Barcelona, destaca que los chilenos han rechazado el «paquete constitucional», que incluía medidas diversas, como el derecho a la sanidad universal, la igualdad de género, los derechos de los indígenas y la definición plurinacional del país.

«Chile estaba preparado para un gobierno de izquierdas y para superar el pinochetismo, pero quizá no para elevar al ámbito constitucional todas estas reformas que ahora quedan al impulso del Gobierno», explica Falcón a RTVE.es. «Tal vez las materias (aborto, cuestión indígena, plurinacionalidad) por separado obtengan mayoría en Congreso y Senado, tal vez un poco justa, pero colocarlas todas en una Constitución genera rechazo», insiste.

Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano (RIE) afirma que el texto elaborado por la Convención Constitucional (asamblea constituyente) era «sumamente contradictorio, a la hora de definir a Chile como Estado pluriétnico y plurinacional, a la hora de dar más poder al Congreso que al Senado, ensombrecer la independencia del Poder Judicial… Y todo esto en un texto muy largo, farragoso y contradictorio«.

 

Voto de castigo a Boric

Falcón también ve probable que la dinámica política del país haya contaminado el proceso constituyente y la consulta. «Unas elecciones legislativas, presidenciales y para la convención en el plazo de dos años no ayuda para solventar la cuestión fuera de los focos de los partidos», explica.

El profesor de la UB cree que la campaña del rechazo al texto constitucional se ha usado para «impugnar los primeros meses del gobierno de Boric, que ha perdido apoyo, según las encuestas, y esto no era eso, era un referéndum constitucional».

«Es improbable que esto acabe con el gobierno de Boric – considera Falcón – Pero es un momento importantísimo que va a marcar su éxito. De momento se cuestiona si tiene capacidad de ir más allá, de sumar a más actores políticos. El clima de polarización es evidente en Chile, pero el próximo trimestre o año veremos si Boric consigue poner en la agenda de las fuerzas de la oposición el proyecto constituyente».

Carlos Malamud piensa que Boric cometió un error al involucrarse personalmente en la campaña a favor de la aprobación de la nueva Carta Magna, y que el resultado le va a costar «un gran capital político», pero puntualiza que «la polarización en Chile no es tan marcada». «Incluso los partidos de derecha están dispuestos, con nuevas reglas de juego y una composición diferente de la asamblea constituyente, a seguir reformulando una nueva Constitución».

El investigador del RIE sí espera que se produzcan cambios en el Gobierno y en su relación con los partidos que lo sostienen. A la probable salida de la ministra de Interior, Izkia Siches, y el ministro de la Presidencia, Giorgio Jackson, mano derecha de Boric, podría sumarse un mayor protagonismo de la coalición Socialismo Democrático, de la que forman parte, entre otros, el Partido Socialista de Chile, el Radical y el Liberal, en detrimento de la influencia del Partido Comunista.

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¿Qué ocurre ahora? Las alternativas para continuar con la reforma

El rechazo a la propuesta constitucional no cierra el camino a la reforma en Chile, como el mismo Boric ha reiterado tras admitir la derrota. Pero ahora, el protagonismo que había tenido la Convención vuelve a las instituciones: a las dos Cámaras (Congreso y Senado) y a los partidos políticos.

Manzano recuerda que la mayoría de diputados constituyentes eran «completamente atípicos, no de los partidos políticos, sino con un grueso de independientes». «Ahora se vuelve a la institucionalidad, y van a tener que ser las instituciones, la Presidencia, los partidos políticos y el Congreso, los que tienen que definir como seguirá«, añade.

«Es una paradoja, pero sigue siendo un experimento político muy interesante el que sigue viviendo Chile«, considera Manzano. Un proceso que además se está produciendo «de una forma democrática, impecable» y sin violencia, subraya.

Silvio Falcón señala que a Boric «le interesa resetear todo el proceso, volver a una convención en un proceso a año vista y mientras reforzar su Gobierno». Pero hay otras alternativas. «Se habla de una ponencia con expertos para redactar un nuevo texto, o reformar el texto original de 1980. Otra posibilidad es que haya un bloqueo y el proceso embarranque aquí. Pero es improbable teniendo en cuenta el amplio apoyo a una nueva constitución en Chile».

«Hay margen maniobra para el entendimiento», analiza por su parte Carlos Malamud. «Por supuesto, fuerzas extremas como el Partido Republicano de José Antonio Kast preferirían seguir con la actual Constitución, mientras por el otro extremo insisten en que hay que defender este texto a toda costa. Pero en la centralidad, inclusive en la coalición de gobierno, hay perspectiva de diálogo, avance y consenso«.

Malamud compara Chile con otros países de América Latina que hayan llevado a cabo reformas políticas en este siglo. «En el caso de Chile, ha sido un proceso abierto, con verdadera participación popular, con un texto que no estaba precocinado de entrada. Entre el inicio del proceso y el fin del proceso, ha habido incluso un cambio de Gobierno, ha habido un referéndum, se ha rechazado y la sangre no ha llegado al río».

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