«La paciencia se agotó»: La amenaza de Bolsonaro a la Justicia de Brasil

«Les digo a los canallas que nunca seré preso», dijo Bolsonaro, y reiteró sus dura críticas contra el juez de Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes, que investiga presuntas acciones golpistas del movimiento bolsonarista y ha ordenado detener a varios implicados.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha vuelto a amenazar al Tribunal Supremo, que tiene abierta una investigación contra el mandatario sobre la difusión de noticias falsas y amenazas a la democracia que ya ha llevado a la cárcel a numerosos activistas de ultraderecha.

Aprovechando la celebración del Día de la Independencia, Bolsonaro llamó a sus simpatizantes para organizar una multitudinaria manifestación convocada en defensa de la «libertad».

«No podemos aceptar más prisiones políticas en nuestro Brasil. O el jefe de ese poder encuadra a los suyos o ese poder puede sufrir aquello que nosotros no queremos«, ha advertido el presidente ante sus seguidores, sin especificar exactamente las supuestas represalias.

«No queremos pelear con ningún poder, pero no podemos admitir que una persona turbe nuestra democracia y ponga en riesgo nuestra libertad», ha agregado en una referencia velada al magistrado Alexandre de Moraes, con el que se ha enemistado en un grave conflicto institucional.

24 horas – Mesa del Mundo: protestas contra el Gobierno de Bolsonaro – Escuchar ahora

Bolsonaro sobrevoló en helicóptero, acompañado de algunos ministros, la región de Brasilia y posteriormente se desplazó en un coche conducido por Nelson Piquet -tricampeón de la Fórmula 1- por la Explanada de los Ministerios, avenida donde se concentran las sedes de los tres poderes.

El ataque a las instituciones, con las que Bolsonaro se ha enfrentado en los últimos meses, ha sido la principal motivación de las manifestaciones. La marcha de Brasilia, una de las más multitudinarias, ha contado con algunos momentos de tensión después de que un grupo de manifestantes intentara traspasar una barrera policial, lo que obligó a los agentes a lanzar bombas de gas lacrimógeno para dispersar el grupo.

Después de Brasilia, Bolsonaro se ha desplazado a Sao Paulo, donde las protestas han sido aún más masivas. Manifestaciones que se producen en medio de las crecientes tensiones políticas y sociales en Brasil, agudizadas ahora por la desconfianza sembrada por Bolsonaro en el sistema electrónico de votación que Brasil adoptó en 1996, que desde entonces no ha sido objeto de una sola denuncia de fraude, pero que según el mandatario ultraderechista «es una farsa».

 

«Prisión, muerte o victoria»

En su discurso en la Avenida Paulista de Sao Paulo, Bolsonaro ha intensificado sus ataques a la Corte Suprema, reafirmando que puesto el actual escenario en el país, solo tiene tres opciones: «Prisión, muerte o victoria».

Hacia quienes quieren impedir que el actual mandatario brasileño pueda ser reelegido en la presidencia, Bolsonaro ha advertido que «solo Dios» le podrá apartar.

Tras sus críticas directas al magistrado del Supremo Alexandre de Moraes, Bolsonaro también ha cargado contra el presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), Luís Roberto Barroso, al criticar el sistema electrónico de votación y defender un sistema mixto que incluya el voto impreso.

 

«No puedo participar en una farsa como esta, patrocinada por el presidente del Tribunal Superior Electoral», ha declarado. El discurso de Bolsonaro ha sido acompañado por miles de personas, la gran mayoría sin usar mascarillas, que ocuparon la principal avenida de la capital paulista, así como sus alrededores y pedían, bajo gritos de «mito», una intervención militar y el cierre de la Corte Suprema.

«Lo que queremos es una verdadera limpieza del STF (Supremo Tribunal Federal) y la única manera de hacerlo es a través de las Fuerzas Armadas», dijo a Efe uno de los manifestantes, Eri dos Santos, quien al paso sostenía una pancarta que abogaba, en inglés, por una intervención del Ejército.

Unas manifestaciones multitudinarias que coinciden con la caída en picado de la aprobación del mandatario, que llega este martes a un escaso 25 % de los brasileños, acentuada por la crisis económica y sanitaria que azota el país.

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