Bob Dylan vuelve a las giras y proyecta tocar hasta 2024

A sus 80 años y tras una pandemia, Bob Dylan no tiene ni siquiera planes de aminorar su legado e influencia y anunció que volverá a los escenarios para presentar Rough and Rowdy Ways, su excelente álbum de 2020, a partir de noviembre. Serán 21 fechas a lo largo de Estados Unidos en solo un mes (como si tuviera 20 años) y lo extraño del anuncio es que la proyección de la gira mundial está pautada hasta 2024, a pesar de que solo están confirmadas las fechas de la primera pata del tour.

Dylan no toca en vivo desde diciembre de 2019, cuando su Never Ending Tour -que comenzó a finales de los ‘80- pasó por Washington antes de fin de año. En julio, el músico ofreció un concierto por streaming en el que repasó sus grandes clásicos. Ese show -o performance, ya que se desconfía si la banda tocaba realmente- fue un hito dentro de una carrera que se movió sobre el desconcierto durante las últimas décadas.

Bob Dylan vuelve a los escenarios.
Bob Dylan vuelve a los escenarios.

Rough and Rowdy Ways, su álbum de pandemia

En junio de 2020, Dylan estrenó su 39 álbum de estudio, que lo convirtió -de alguna manera- en un trabajador esencial de esta pandemia. Es su primer disco de canciones originales desde que ganó el Premio Nobel de Literatura en 2016 y en sus nueve temas revalida sus pergaminos.

“Brindo por la verdad y por las cosas que se dicen”, canta en “I Contain Multitudes”, la apertura del trabajo, en donde se compara con Indiana Jones, los Rolling Stones y Ana Frank. En este comienzo, ya presagia la mortalidad creciente (“duermo con la vida y la muerte en la misma cama”).

Todo lo hace con su voz fraseada y perfeccionada a lo largo de los tres excelentes discos de estándares de la canción americana que lanzó en los últimos cinco años, en los que jugó a ser un cantante a lo Frank Sinatra, solo para caer en la cuenta de que ser Bob Dylan seguía siendo una dicha en movimiento.

Le sigue “False Prophet”, un blues, que junto a los tremendos “Goodbye Jimmy Reed” y “Crossing the Rubicon”, dan prueba de que Dylan no tiene intenciones de renunciar a las influencias que formaron no solo su carácter sino también su identidad.

La banda toca los tres de manera ajustada, con profundidad y sentimiento, y él canta sin que su edad le muestre un achaque; se pasea como un heredero del fraseo de Howling Wolf, y sus palabras suenen claras y resonantes. Con “My Own Version of You” desarma y vuelve a acomodar una figura en plan Frankenstein (“Traeré a alguien a la vida, alguien de verdad/Alguien que sienta lo que yo siento”), y entre citas a la cultura pop (Pacino en Scarface, Brando en El Padrino), vuelve a una canción que lo hermana a los últimos discos de Leonard Cohen.

El vals “I’ve made up my mind to give myself to you” encaja perfecto entre sus grandes clásicos románticos, en una canción que podría ser versionada por Adele (que ya hizo lo propio con “Make you feel my love”). También es una reflexión a la vida en la ruta, el alejamiento de casa (pero la cercanía con el fan) y esas ganas de que el Never Ending Tour (la gira que lleva más de 30 años) pase por su ciudad. El cierre, épico, desgarrador, encierra una de las mejores estrofas de un disco que tiene demasiadas buenas. “He viajado desde las montañas hasta el mar/ Espero que los dioses me la pongan fácil/ Sabía que dirías que sí, yo también lo digo/Decidí entregarme a vos”.

En “Black Rider” vuelve a pedir prestada una página del libro de composiciones de Leonard Cohen, y “Mother of muses” funciona como separador del disco. La calma que antecede al huracán.

Acá vuelve hacerse cargo de su mortalidad (“Ya he sobrevivido mi vida por mucho”) en una balada que podría ser un mantra. Y en la que referencia (y reverencia) a Martin Luther King (Dylan tocó antes del discurso “I have a dream” en Washington), en tiempos modernos en los que la discriminación racial volvió a copar la agenda en Estados Unidos. La pieza clave llega casi al final. “Key West (Philosopher Pirate)” es el emblema de un disco icónico y que marca una nueva época. Un canción en calma, que flota en el sonido de un acordeón, y en el que le rinde tributo a la radio.

“Murder Most Foul”, su primer single en llegar al número 1 de los rankings, es la estocada final de un álbum brillante. En casi 17 minutos (la canción más larga dentro de una larga discografía), desgrana la historia de los Estados Unidos y utiliza el asesinato de J.F. Kennedy como punto de despegue de una larga cita de influencias, compañeros de ruta (Stones, Beatles, Los Who) y poesía extrema.